abril 23, 2013
¡Un año!
¡Hoy cumplimos un año!
El tiempo se ha pasado rápido, estamos contentas del espacio que hemos creado y seguras del cariño con el que compartimos libros, lecturas y anécdotas.
Hoy más que nunca seguimos pensando que leer, escribir y crear es una pieza indispensable en la reconstrucción de este país adolorido, asustado y ensombrecido.
Hemos sido constantes hasta donde alcanzan nuestras fuerzas, cada publicación es nuestra voz y el sentir que llevamos dentro, cuando hay silencio, también estamos contando.
Gracias a quienes nos han leído, a los que se toman un tiempo para comentar y compartir, a los que creen en el proyecto y caminan con nosotros.
Un abrazo entre lecturas con todo nuestro cariño.
Esdrújula Crianza y Lectura
marzo 18, 2013
Amor de hermanos
Los hermanos se quieren tanto
como se odian, compiten, se molestan y se apoyan. Para Manolito, el narrador
personaje de Elvira Lindo, su hermano menor es insoportable, es simplemente “el
Imbécil”. Detesta que los adultos
festejen todas las gracias del nene: “… y les pareció muy gracioso y se rieron
mucho, y a mí me dejó de dar pena el Imbécil porque siempre se lleva a la gente
a su terreno y siempre cae bien a todo el mundo, aunque haga lo peor”. Pero cuando la vida los pone en circunstancias
difíciles Manolito y el Imbécil son solidarios entre ellos como todos los
hermanos: “Yo soy un cobarde, como mis amigos, pero que le toquen al Imbécil,
eso sí que no.”
La mirada infantil de Manolito
caracteriza a los adultos de su entorno; la madre Cata “Mi madre, o como dije
en el capítulo anterior, la mamá del Imbécil, porque parece que sólo tienen
ojos el uno para el otro…” el abuelo Nicolás
“Mi abuelo le dijo al dependiente que qué había pasado, que yo era un niño que
daba gloria verme de lo bueno que era, que era un niño que sólo daba problemas
con lo vago que era en el colegio, con lo celoso que era con el Imbécil y con
que a veces no había quien me callase y que ponía a mi madre de los nervios (de
punta)”. Luisa, la vecina metiche y chismosa, que está segura de que de haber
tenido hijos los habría criado sabiamente: “La Luisa había decidido cambiarnos
y convertirnos en esos vecinos que todas las Luisas quisieran tener”.
Manolito tiene 9 años, no crece
tan aprisa como quisiera, usa lentes y para colmo es regordete. Nicolás tiene casi
4 años aunque no ha dejado el chupón, es tan inoportuno como precoz y se atreve
a hacer las cosas de las que Manolito
quisiera ser capaz. Esta historia cargada de humor es un disfrute para los
hermanos mayores incomprendidos y para los padres que a veces no nos acabamos
de enterar cómo nuestros hijos lidian para explicarse las cosas que van pasando
en su niñez.
Esta esdrújula, que tuvo la
fortuna de ser hermana menor, se ha reído como niña al leer las aventuras de
Manolito y el Imbécil y ha comprendido un poco más que sus hijos, a pesar de la
rivalidad se quieren como sólo un hermano puede.
sd
marzo 15, 2013
¿repetir? ¿memorizar?

Últimamente aprender algo de memoria por repetición es visto como un sacrilegio educativo, las nuevas corrientes
pedagógicas buscan que el aprendizaje sea “significativo”, es decir que se
engarce con lo que ya sabíamos y sea aplicable a la vida, la idea es que cada
individuo construya el conocimiento y no solo memorice y repita como perico.
Abogo por el conocimiento de fondo y por aprender
desde lo previamente construido, sin embargo no condeno la memoria y tampoco la repetición.

Todo lector que se precie de serlo tiene que
ejercitar constantemente la memoria, una novela implica que recordemos lo que
va sucediendo en la historia; los nombres y vidas de diversos personajes, las
ciudades y escenarios, un ensayo se engrana a través de la memoria en nuestros
juicios y prejuicios sobre el tema, el cuento juega con nuestra memoria al
presentarnos situaciones extraordinarias o inesperadas y la poesía nos remite a nuestros primeros juegos con el lenguaje, todo ello es memoria, sensorial y lingüística.
El último año he constatado el poder de la repetición
pues mi hija de tres años cuando descubre un libro que le gusta lo quiere
escuchar hasta hacerlo suyo. Primero lo escucha calladita observa las
ilustraciones y danza con las palabras, después de varias lecturas comienza a
paladearlo pronuncia bajito y para ella las palabras que se avecinan, luego
empieza a memorizar frases y después de muchas lecturas se avienta a repetir
una y mil veces todo el texto, cuando esto sucede el cuento ya es de ella, en
este momento el libro ya no importa pues el cuento ya está dentro de ella y lo
cuenta y repite encantada a la menor provocación, a veces regresa a las
ilustraciones para deleitarse narrando.

Entre memoria y repetición se va haciendo de
palabras, porque repite muchas cosas que no entiende y las memoriza hasta el
momento en el que las escucha en otro contexto y entiende su significado. Al
principio yo intentaba explicarle los términos que desconocía, luego me di
cuenta que eso le restaba emoción al cuento además de que mi explicación no
servía de nada porque se perdía entre la historia y las ilustraciones, ahora la
escucho feliz repetir (a veces) como perico, porque también se goza con la
textura y los acordes de las palabras.
Yo recuerdo con cariño algunas poesías que me tuve
que aprender de memoria cuando estaba en primaria, las memorizaba y repetía
muchas veces sin entender su significado, mismo que llegaba en oleadas y que
hoy me trae buenos recuerdos.
Y ustedes ¿repiten?, ¿memorizan? O nada de eso…
Nos leemos
cj
Las imágenes son de algunos de los cuentos que mi
hija se ha aprendido de memoria.
marzo 13, 2013
A propósito de hoy
Nací en 1972. En 1978 se eligió al papa Juan Pablo II. Recuerdo que hubo todo un revuelo. El papa anterior había sido asesinado.
Pronto empezó a circular un libro titulado Muerte en el Vaticano (Serral y Savigny). Para mi era una sorpresa y al mismo tiempo (y en mi construcción de esquemas mentales) quizá empecé a pensar que era normal. Es decir por un lado me sorprendía que aquel hombre que se suponía representaba a Dios en la Tierra hubiera podido engendrar tal odio para arrebatarle la vida. Por otro, qué no era lo mismo que le había pasado al Cristo.
Recuerdo que las exclamaciones de los mayores que me rodeaban era que el libro no debía circular, que eran mentiras, que lo debían prohibir (saquen sus conclusiones de la religiosidad que corría por el genoma familiar). Yo escucha con curiosidad esas palabras e incrementaban las ganas de que el libro fuese olvidado por ahí.
Nunca ocurrió, el libro no fue adquirido por ningún familiar, por supuesto que no estaba en al biblioteca del colegio católico al que asistía.
Hace algunos días y ante todo el montón de artículos que se han publicado sobre la renuncia de Benedicto XVI el libro fue mencionado en un reportaje periodístico y lo recordé. Ahora ya podría irlo a comprar y devorar. Sin embargo, el ánimo es otro, la curiosidad no da como para invertir tiempo de lectura que puedo dedicar a otras obras que esperan en mi mesita de noche. Es más, casi me pudo imaginar de lo que trata y hasta lo que termina.
Hoy que habemus papam me dedicaré a leer reportajes de alabanzas y rechazo ante Jorge Bergoglio, el papa Francisco.
dfcg
La autora hace tiempo que ha dejado la práctica católica, sin embargo hoy se emocionó con las campanadas y el seguimiento mediático.
Pronto empezó a circular un libro titulado Muerte en el Vaticano (Serral y Savigny). Para mi era una sorpresa y al mismo tiempo (y en mi construcción de esquemas mentales) quizá empecé a pensar que era normal. Es decir por un lado me sorprendía que aquel hombre que se suponía representaba a Dios en la Tierra hubiera podido engendrar tal odio para arrebatarle la vida. Por otro, qué no era lo mismo que le había pasado al Cristo.
Recuerdo que las exclamaciones de los mayores que me rodeaban era que el libro no debía circular, que eran mentiras, que lo debían prohibir (saquen sus conclusiones de la religiosidad que corría por el genoma familiar). Yo escucha con curiosidad esas palabras e incrementaban las ganas de que el libro fuese olvidado por ahí.
Nunca ocurrió, el libro no fue adquirido por ningún familiar, por supuesto que no estaba en al biblioteca del colegio católico al que asistía.
Hace algunos días y ante todo el montón de artículos que se han publicado sobre la renuncia de Benedicto XVI el libro fue mencionado en un reportaje periodístico y lo recordé. Ahora ya podría irlo a comprar y devorar. Sin embargo, el ánimo es otro, la curiosidad no da como para invertir tiempo de lectura que puedo dedicar a otras obras que esperan en mi mesita de noche. Es más, casi me pudo imaginar de lo que trata y hasta lo que termina.
Hoy que habemus papam me dedicaré a leer reportajes de alabanzas y rechazo ante Jorge Bergoglio, el papa Francisco.
dfcg
La autora hace tiempo que ha dejado la práctica católica, sin embargo hoy se emocionó con las campanadas y el seguimiento mediático.
marzo 01, 2013
Domador de ...palabras
Una de las acepciones de juglar de acuerdo a la Real Academia de la Lengua es la de un "hombre que por estipendio o dádivas recitaba o cantaba poesías de los trovadores, para recreo de los reyes y de los magnates" (RAE, 2013). En nuestras clases de Español de la primaria solíamos imaginarnos a un señor disfrazado que iba con su instrumento de cuerdas cantando y recitando aventuras de caballeros todo en verso y acompañándose de la música que él mismo producía para completar sus poemas.
Creo que casi todos nos imaginamos que andaban por ahí en las plazas y cuando eran muy buenas las historias, los rumores de fama llegaban a oídos reales y entonces eran invitados a los palacios para deleite de los de "sangre azul". Muchos de los juglares se volvían famosos por aderezar sus historias con charlatanería.
Ahora podríamos hablar de los cuentacuentos, reconocidos éstos por ser quienes narran historias en público. Si reciben retribución económica o no, no suele ser una característica esencial pero sí, la de disfrutar el hecho de captar la atención de un grupo de personas que lo escuchan y retroalimentan con comentarios, gestos y diversos sonidos.
Ambos, juglares y cuentacuentos, tienen en su sustantivo una cierta carga de ser quizá mentirosos o exagerados. Frases como "qué cuentero eres" (para designar a alguien que está exagerando o incluso engañando), "eres un cuentista" (para indicar que inventa historias) nos da una muestra de esta inclinación inconsciente de la masa poblacional.
Es por ello que en últimos tiempos y como una forma de revalorar esa digna labor se ha empezado a nombrar a quien cuenta un cuento en público como narrador oral o animador de cuentos.
Sea el nombre que sea, cuando nos gusta escuchar historias (ciertas, falsas o mitad y mitad) nos sentaremos a degustarlas pues finalmente y como dice Pablo Albo en su página personal el arte de un cuentista consiste en: ser un domador de palabras.
Creo que casi todos nos imaginamos que andaban por ahí en las plazas y cuando eran muy buenas las historias, los rumores de fama llegaban a oídos reales y entonces eran invitados a los palacios para deleite de los de "sangre azul". Muchos de los juglares se volvían famosos por aderezar sus historias con charlatanería.
Ahora podríamos hablar de los cuentacuentos, reconocidos éstos por ser quienes narran historias en público. Si reciben retribución económica o no, no suele ser una característica esencial pero sí, la de disfrutar el hecho de captar la atención de un grupo de personas que lo escuchan y retroalimentan con comentarios, gestos y diversos sonidos.
Ambos, juglares y cuentacuentos, tienen en su sustantivo una cierta carga de ser quizá mentirosos o exagerados. Frases como "qué cuentero eres" (para designar a alguien que está exagerando o incluso engañando), "eres un cuentista" (para indicar que inventa historias) nos da una muestra de esta inclinación inconsciente de la masa poblacional.
Es por ello que en últimos tiempos y como una forma de revalorar esa digna labor se ha empezado a nombrar a quien cuenta un cuento en público como narrador oral o animador de cuentos.
Sea el nombre que sea, cuando nos gusta escuchar historias (ciertas, falsas o mitad y mitad) nos sentaremos a degustarlas pues finalmente y como dice Pablo Albo en su página personal el arte de un cuentista consiste en: ser un domador de palabras.
Pablo Albo domador de palabras:
Las somete todos los días a un
curioso
y exhaustivo entrenamiento.
Las amontona, las ordena así o asá,
les hace hacer torrecitas,
les redobla las esquinas,
les lima los adjetivos,
les ajusta el punto de mira...
dfcg
Solía ser cuentacuentos, cuentista y narradora oral pero su meta, su gran meta es convertirse en una domadora de palabras y por ende de historias.
febrero 25, 2013
Olivia
¿Conocen
a Olivia? Tal vez han escuchado la pegajosa canción con la que inicia la
caricatura, es posible que la hayan visto en algún estante de librería o tal
vez como personaje principal de algún taller de lectura infantil.
Para
aquellos que no tienen el gusto, se las presento, Olivia es una puerquita que
nació en un álbum infantil casero en el año 2000, su creador Ian Falconer,
maravillado por su sobrina pensó en hacerle un cuento y así creó al peculiar
personaje.
En
el ámbito de la literatura infantil, Olivia innovó con su peculiar estilo de
ilustraciones minimalistas (el primer libro tiene sólo dos tintas) y sus
historias sobre la vida y experiencias de una niña pequeña.
A mí
Olivia me cautivó desde el día que la conocí, compré todos los libros antes de
ser mamá y los disfrutaba como una buena obra de LIJ, pero todo cambió con la
llegada de mi hija pues Olivia pasó de ser un personaje a convertirse en un
miembro más de la familia.
Todo
comenzó por casualidad, a mi hija le regalaron un muñeco de peluche de Olivia
que yo encantada acomodé en su cuna y pronto se convirtió en su muñeco
preferido. Olivia se convirtió en el objeto de transición de mi hija (término
rimbombante para designar a los monos, trapos y cobijas que los niños pequeños
eligen para consolarse cuando la angustia de separarse de mamá o papá es mucha),
lo que significa que llevamos ya un tiempo localizando su paradero,
atendiéndola con cuidado y propiciándole unos necesarios baños de vez en
cuando.
Así
mi hija conoció primero el peluche y luego el libro, su acercamiento al cuento
ha pasado por muchas etapas, la primera fue de un gusto y asombro inenarrable
al descubrir que su preciada mona tenía un cuento, ahora mi hija se sabe casi
todos los cuentos de principio a fin, le gusta que se los cuente pero también
disfruta mucho contándolos ella solita, cambiando la historia y repitiendo a
través de Olivia su propia vida.
Lo
que me gusta de los libros de Olivia (la caricatura no me parece tan bien
lograda) es que en realidad tiene mucho que ver con las actitudes y gustos de
los niños pequeños; a veces caprichosa y sin control, nunca quiere irse a
dormir, es ocurrente y siempre sueña con tener la atención de todos los que la
rodean, se empeña en hacer sola las cosas pero busca la cercanía de sus papás y
por encima de cualquier cosa juega y juega a todo lo que se le ocurre e inventa.
Ayer
mi hija cumplió tres años, y por supuesto Olivia estuvo en la fiesta.
Nos
leemos
cj
febrero 14, 2013
Para ti, Carmela
Mi abuela paterna tiene 93 años, muchos me dicen que ya es grande, yo tengo como referencia que mi abuela materna se despidió de esta vida terrenal a los 98, así que me parece que mi Carmela (así la llamaba mi abuelo) debería estar pensando en quedarse otros cinco o seis años más. Pero ése es mi deseo.
En agosto pasado su presión sanguínea le hizo una mala jugada, decidiendo -la muy canija- elevarse más de lo normal, ocasionando que sus extremidades inferiores no le respondieran y desde entonces a la fecha siguen sin hacerle caso.
No caminar la tiene desesperada, al grado tal que ha buscado en seis ocasiones, mientras sus hijos salen de la habitación con algún pretexto (inventado por ella), levantarse y caminar. El resultado: las seis veces se ha caído. Los golpes han subido en intensidad. El último le ha abierto la frente y la parte de atrás de la cabeza, le ha causado un fuerte estrés y el médico ha recetado anti-inflamatorios trayendo como consecuencia que su mente, su fabulosa memoria, empiece a fallar.
Dice encontrarse en un solar y pide la lleven a su casa, la que desde 1979 le ha ofrecido techo y cobijo. Mi abuela querida, mi querida abuela, la que me enseñó el gusto por la poesía, se me empieza a ir.
Sé yo que éste no es un blog familiar, pero para minar las emociones y darle causa a la tristeza, la escritura y la literatura son buenas consejeras.
Un ejemplo. En 1992 sufrí una ruptura amorosa, dolorosa, me tomó por sorpresa esa honda tristeza, ese dolor infame que se ubica directamente en el corazón. Yo estaba en casa de mi abuela, en la cocina (ese magnífico territorio que en casa de ambas abuelas ha sido el mejor oasis) con ella, no pude más y le compartí mi dolor. Ella vio a lo lejos. Quizá contactaba con sus propios recuerdos y me declamó lo siguiente:
El bálsamo de su declamación fue agradable, las semillas para comprender o para perdonar al novio en cuestión fueron sembradas en ese instante, germinar de una u otra forma era cuestión de tiempo.
Mi abuela, la de pocas pero contundentes palabras, símbolo de amor por los ratos de lectura en su mecedora, por recitar poemas sin público, sin motivos ni pretextos. La de usar refranes para ilustrar sus ideas. La de versos compuestos al aire. La que leyó su primer novela de prestado y en voz alta, la que cerraba libros cuando las lágrimas no le dejaban seguir leyendo. Mi abuela...la Carmela.
dfcg
En agosto pasado su presión sanguínea le hizo una mala jugada, decidiendo -la muy canija- elevarse más de lo normal, ocasionando que sus extremidades inferiores no le respondieran y desde entonces a la fecha siguen sin hacerle caso.
No caminar la tiene desesperada, al grado tal que ha buscado en seis ocasiones, mientras sus hijos salen de la habitación con algún pretexto (inventado por ella), levantarse y caminar. El resultado: las seis veces se ha caído. Los golpes han subido en intensidad. El último le ha abierto la frente y la parte de atrás de la cabeza, le ha causado un fuerte estrés y el médico ha recetado anti-inflamatorios trayendo como consecuencia que su mente, su fabulosa memoria, empiece a fallar.
Dice encontrarse en un solar y pide la lleven a su casa, la que desde 1979 le ha ofrecido techo y cobijo. Mi abuela querida, mi querida abuela, la que me enseñó el gusto por la poesía, se me empieza a ir.
Sé yo que éste no es un blog familiar, pero para minar las emociones y darle causa a la tristeza, la escritura y la literatura son buenas consejeras.
Un ejemplo. En 1992 sufrí una ruptura amorosa, dolorosa, me tomó por sorpresa esa honda tristeza, ese dolor infame que se ubica directamente en el corazón. Yo estaba en casa de mi abuela, en la cocina (ese magnífico territorio que en casa de ambas abuelas ha sido el mejor oasis) con ella, no pude más y le compartí mi dolor. Ella vio a lo lejos. Quizá contactaba con sus propios recuerdos y me declamó lo siguiente:
"Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?" (Gustavo Adolfo Bécquer)
El bálsamo de su declamación fue agradable, las semillas para comprender o para perdonar al novio en cuestión fueron sembradas en ese instante, germinar de una u otra forma era cuestión de tiempo.
Mi abuela, la de pocas pero contundentes palabras, símbolo de amor por los ratos de lectura en su mecedora, por recitar poemas sin público, sin motivos ni pretextos. La de usar refranes para ilustrar sus ideas. La de versos compuestos al aire. La que leyó su primer novela de prestado y en voz alta, la que cerraba libros cuando las lágrimas no le dejaban seguir leyendo. Mi abuela...la Carmela.
dfcg
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