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junio 12, 2015

La edad de la punzada.

Me recomendaron a Xavier Velasco dos de sus grupis. Confieso que no terminé el primer libro de su autoría que cayó en mis manos (Éste que ves).
Imagen tomada de CNN México

Me regalaron este que ahora reseño. Le di una segunda oportunidad y me agradó.
Viví al lado del personaje principal (un adolescente de los 14 a los 17 años) los pensamientos, sentimientos, impulsos, temores, anhelos y remordimientos que a un joven varón de clase socioeconómica alta pudo haber experimentado en la década de los 80's.

A esa edad, en verdad ¿se puede estar pensando en cómo echar novia cuando tu padre está en la cárcel?, ¿puedes estar manejando a alta velocidad el auto que tus padres te acaban de regalar?, ¿puedes ocultar que has reprobado de año escolar solo para tener una guitarra que no sabes tocar?

No lo sé, no puedo recordarlo (o me duele hacerlo) y me angustia pensar que ahora puedo llegar a ser madre de un adolescente con esas ideas.

dfcg

enero 14, 2015

Mi meta de lecturas 2015

Hoy un amigo me preguntó si plantearme una meta numérica no endurecía el placer de la lectura.

Su comentario me sentó a pensar. Observé lo siguiente.

Desde hace tres años me he planteado una meta de lectura. Inicié con 20 libros y lo logré, así que al siguiente año me plantié 24 libros, dos libros por mes, me dije y lo logré. El año pasado ambientada en la ciudad del encierro por cuestiones de clima (Seattle) y con una biblioteca pública con un amplio acervo de literatura en español me decidí por 48 libros. No lo logré, leí 44 y aunque mi espíritu competitivo me hizo querer elegir -en el último mes- libros delgados para lograr los 48 no lo hice. Pensé que si así lo hacía estaba abandonando el placer por la meta.



Este año me he vuelto a plantear 48.

Solo cuento los libros de ficción. No cuento las tesis a las que de manera cotidiana doy lectura, ni a aquellos que por motivos de trabajo leo.

Si lo alcanzo no será motivo para recibir una medalla, si no lo alcanzo, tampoco me sentiré mal, lo que sí creo es que el número me mantiene atenta, como si fuera algo preciado que estuviera en una repisa que alguien ha colocado muy alto y que yo estoy pensando cómo lograr alcanzar lo que ahí se ha puesto.

¿Y tú, te unes a un reto de lecturas o prefieres leer lo que va llegando a tu mesita de noche?

Como sea que lo hagas, déjanos saber qué estás leyendo.

dfcg

agosto 27, 2014

¡Feliz cumple, Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo!

Hoy es aniversario del poeta nayarita conocido como Amado Nervo. 

Quizá para muchos de los mexicanos este poeta sea más conocido porque alguna calle de la ciudad lleva su nombre que por sus poemas. Sin embargo, para aquellos que fuimos a la primaria entre los 60 y los 80 recordamos su nombre debido a que, o nos aprendimos uno de sus poemas o lo escuchamos en voz de alguno de nuestros compañeros.

He aquí para celebrar su cumpleaños un fragmento del poema: El primer beso.





Yo ya me despedía.... y palpitante 
cerca mi labio de tus labios rojos, 
«Hasta mañana», susurraste; 
yo te miré a los ojos un instante 
y tú cerraste sin pensar los ojos 
y te di el primer beso: alcé la frente 
iluminado por mi dicha cierta. 

Salí a la calle alborozadamente 
mientras tu te asomabas a la puerta 
mirándome encendida y sonriente. 
Volví la cara en dulce arrobamiento, 
y sin dejarte de mirar siquiera, 
salté a un tranvía en raudo movimiento; 
y me quedé mirándote un momento 
y sonriendo con el alma entera, 
y aún más te sonreí... Y en el tranvía 
a un ansioso, sarcástico y curioso, 
que nos miró a los dos con ironía, 
le dije poniéndome dichoso: 
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

dfcg



agosto 25, 2014

La hermana de Freud

Conocer la vida y las ideas de Sigmund Freud a través de la voz y perspectiva de su hermana menor Adolphine, es el eje de esta novela. Demostrar el valor de la fuerza femenina a través de las hermanas de dos celebridades de la humanidad, su cometido. 

La hermana de Freud (Smilevski, 2013 Alfaguara) es una novela en la que a través de la voz de Adolphine Freud imaginamos la vida del creador del psicoanálisis desde el seno de su familia.

La historia inicia por el final de la vida de las hermanas de Sigmund y narra lel viaje terrenal de Adolphine. Como lectora conocí su enferma infancia, sus encuentros y desencuentros con su hermano (el Sigi de oro), viví en el manicomio al que voluntariamente se inscribió (y que su hermano costeó), me desesperé con las ideas vanidosas, egocéntricas, ciegas y machistas del ícono más conocido de la psicología moderna.

Mis partes favoritas fueron cuando Adolphine debate con Sigmund las ideas pilares de la teoría psicoanalítica, le contrarresta el raciocinio exacerbado con aportaciones sobre la belleza, el amor, la locura, la inmortalidad y la misericordia.

Se sabe que Smilevski escribió una ficción, sin embargo al haber concluido la lectura mi pensamiento no cree que lo ahí narrado haya estado tan separado de la realidad.



Advertencia: novela no apta para los que consideran al psicoanálisis como la única vía para conocer y atender las necesidades del género humano.

dfcg




*Imagen de la familia de Jacob Freud fue tomada del blog Tkkb

agosto 19, 2014

Ya no me necesita y duele


Ayer tuvimos la junta de vecinos. La junta era a las 8pm. Lo cual implicaba dejar a P dormido para que no perdiera el ritmo de sueño que habíamos logrado antes de entrar a clases. 
Me fui  a la junta dejándolo listo para dormirse, le di indicaciones de qué hacer si necesitaba algo, un beso y me fui.
En mi fuero interno me fui segura de que en algún momento P se iba a aparecer en la reunión, o de que iba a estar despierto cuando yo volviera.

Plegaria para un niño dormido

quizás tenga flores en su ombligo
y además en sus dedos que se vuelven pan
barcos de papel sin altamar. 


No fue así. P estaba profundamente dormido cuando regresé y con todas las luces apagadas. 
Ya venía sintiéndome incómoda de la junta. Me enganché con el presidente, un tipo de los que cuelan el mosquito y dejan pasar el camello.

Plegaria para el sueño del niño

donde el mundo es un chocolatín. 
Adonde vas
mil niños dormidos que no están
entre bicicletas de cristal. 


Al llegar a casa me sentía molesta, con ganas de llorar, desesperanzada. Entonces reflexioné y concluí qué me tenía molesta: haber aceptado una responsabilidad de tesorera. Es un hecho, creo que para vivir en comunidad es necesario asumir responsabilidades pero, siempre me ha sido más sencillo delegar, que otros lo hagan y yo ser una contribuyente cumplida.

Se ríe el niño dormido

quizás se sienta gorrión esta vez
jugueteando inquieto en los jardines de un lugar
que jamás despierto encontrará. 

Ok eso estaba claro, lo acepté por responsable y no por gusto.
Lo otro fue darme cuenta que P es un grande, que ya no me necesita a su lado para dormirse, que fue capaz de estar solo en casa, de no temer, de descansar. Curioso, algo que había deseado desde hace años, ayer se me concedió y me dio tristeza.

Que nadie, nadie, despierte al niño

déjenlo que siga soñando felicidad
destruyendo trapos de lustrar
alejándose de la maldad. 


Es ambivalente ser mamá. Ver que mi hijo hacía algo por sí mismo me llenó de orgullo y al mismo tiempo de una nostalgia por saberme no útil. ¡Que intenso! 
Tomo conciencia de haber heredado del matriarcado la utilidad de la maternidad y la idea de que dejar de ser útil es quizá dejar de ser madre y entonces ¿qué, quién soy y qué sigue después?
No soy socióloga pero reconozco en esta idea tintes de machismo, de extorsión emocional y raíces de muchas de las enfermedades femeninas.
Me autoapunté una palomita (un check) y una lágrima. Y lo mejor fue haber reflexionado, desentrañado las emociones y haber encontrado su conexión con las ideas. Dejarlas correr en mi ser. Verlas de frente.
Quiero seguir guiándolo y desarrollando yo misma la independencia emocional, física y el amor propio para no llegar a la vejez pensándome inútil cuando él tenga una vida propia y para no hacer chantaje cuando él sea feliz lejos de mi lado.
dfcg

* Las estrofas intercaladas en el texto pertenecen a la canción Plegaria para un niño dormido de Luis Alberto Spinetta

agosto 15, 2014

Boy, la historia de un futuro escritor

Haber viajado al extranjero, vivir en un departamento de 2x2, con días nublados, lluviosos y fríos, además de no conocer el idioma fue para P una experiencia traumática.

Como una manera de animarlo retomamos la rutina que teníamos en casa: el baño, la cena y la lectura.

El libro digital fue la salvación, pues pudimos adquirir libros en español.

Así pues iniciamos la lectura de Jaime y el durazno gigante (Dahl, 2005, Alfaguara), pasamos a Charlie y la fábrica de chocolate (2004), intentamos leer Las brujas (2004) pero la historia causaba un cierto grado de tensión, así que pasamos a Matilda (2004) (todas ediciones de Alfaguara en digital).

Cuando habíamos terminado encontré el libro que presentaba la autobiografía de Roal Dahl (Boy, Relatos de la infancia, 2004).

En este libro, Dahl, relata su paso por la educación institucionalizada y cómo la mayoría de los docentes que lo rodearon basaban sus acciones en la desconfianza, consideraban que el niño no quería aprender, que mentía de manera constante y que siempre se guiaba por impulsos que lo alentaban a hacer daño. Leímos relatos que bien parecían una película de terror: profesores que no amaban a los niños, directores que azotaban los traseros, acciones de saña, miedo y cero amor en las escuelas. 

Lo bueno de su vida fue siempre la presencia amorosa y comprensiva de su madre y sus abuelos. Su madre es quien lo impulsa en todo aquello que él quiere lograr como lo fue conocer África, viajar por el mundo y finalmente, escribir.

Vivió una escuela con temor, pero una vez que fue libre de ella continuó con la exploración que su curiosidad promulgaba. Terminó siendo escritor por un encargo y yo creo que también por catarsis. 


Como lo he mencionado en una entrada anterior, sus historias han puesto en alerta a los conservadores. Dahl, no ha  temido incluir en sus relatos castigos implacables para niños malosos y para adultos ventajosos.

Puedo afirmar que P le debe su salud emocional, de ese año en el extranjero, a las peripecias por las que Dahl lleva a sus héroes y los castigos a los que somete a los villanos, pero sobre todo a la muestra que brinda en su propia historia personal, al sobreponerse a los duros profesores que lo acompañaron y cómo, vivió para contarlo. 


dfcg

agosto 13, 2014

Mucho ruido y pocas nueces

Un maestro de literatura llega a un pueblo en la costa este norteamericana decidido a convertirse en una gran escritor. Se enamora de una joven de 15 años. Él no puede escribir, ella está trastornada. Ella desaparece y su cuerpo es encontrado años después. ¿Quién la mató, cómo lo hizo?

No contaré más porque si lo hago terminaré diciéndolo todo (que al final de cuentas no es mucho) y arruinaré las 600 páginas de la novela La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Dicker, 2013, Alfaguara).

La crítica lo ha alabado. Dicen que la historia es una mezcla de Larrsen, Roth y Nabokov. A mi me pareció que la historia atrapa, pero que la narrativa no es encantadora y que los diálogos son pésimos.

Me parece que el libro podría reducirse a 1/3 de su extensión actual, que aún así se podría narrar una buena historia, que hubiese salvado de muchas repeticiones (y de papel) y que la crítica y la publicidad lo han inflado muchísimo.

Entre historias policiacas, con giros de tuerca mejor narradas y con un uso del español superior están: las de Andrea Camilleri y las de Santiago Villar.

Pero, yo no soy ninguna crítica literaria, así que serve yourself y luego nos dan su opinión.

dfcg
Imagen tomada del blog de Daniel J.K.

septiembre 13, 2013

De los proyectos para compartir libros




Quizá pocas veces escuchamos el término biblioteca particular, quizá hayamos visto una cuando hemos visitado una casa museo que hay en algunas ciudades de México.
Dicen que una de las primeras bibliotecas particulares que se tiene registrada es en Nínive (parte de lo que ahora es Iraq) por allá en el año 7 AC.

La bibliotecas particulares fueron poseídas por teólogos, docentes, aristócratas y quizá surgieron como una forma evolucionada de archivo de documentos o datos. Algunas de estas bibliotecas han sido envidiadas por coleccionistas o censuradores (como en el caso de la biblioteca de Sor Juana Inés de la Cruz, quien guardaba celosamente sus libros de los ojos de la Inquisición).

Hoy en día y dado el espacio de las casas promedio en México las bibliotecas particulares   suelen alojarse en libreros que aprovechan diversos sitios de las casas: un librero en la sala, una repisa arriba de la puerta, arriba de la taza del baño, en la mesitas de noche, los guardaropas y hasta en la cajuela del auto.

No todos los dueños de libros tienen registro de su inventario, sin embargo otros ya lo han empezado a llevar gracias a aplicaciones como Collectorz, mybook, myBookshelf, reading list...¡así es todas en inglés!

Depende de la relación que guardes con tus libros es el tiempo que le dedicas a ordenarlos, registrarlos, guardarlos y... ¡prestarlos!

¿Qué sientes al prestar un libro?, ¿qué te impulsa a hacerlo o no?

Hace unos días, caminando por la ciudad norteamericana que me aloja me encontré con una casita de madera suspendida por un poste afuera de una casa. Crucé la calle para ver de qué se trataba. Casi no podía creerlo cuando lo vi.

La casita de madera tenía en su interior repisas con libros. Una puerta con vidrio permitía ver su contenido. Un letrero anunciaba que podías tomar o dejar el libro que quisieras.
Alguien, gustoso de la lectura y desprendido de los libros, tenía ahí una pequeña biblioteca pública que seguramente inicio como parte de su biblioteca particular.

Qué maravilla y qué sencillo proyecto de fomento a la lectura: el intercambio libre y comunitario.

Me pregunto si cuando regrese a México seré capaz de llevar un proyecto como éstos a mi colonia.
dfcg

septiembre 11, 2013

La mujer que tiembla



Me gusta nadar pero suele ser complicado encontrar una alberca disponible, pagar por el servicio y trasladarme al lugar para realizar la actividad. Por tanto desde el año pasado opté por correr. Al principio no fue fácil pero tras diversas lecturas y charlas con quien está más avanzado en esta práctica, el amor entre la corrida y yo fraguó.

Sin embargo, hace dos meses una dolencia surgió y empezó a provocar que dicha actividad se volviera una tortura (en la vida diaria): un dolor punzante en la base del talón hizo su aparición. De acuerdo a la revisión bibliográfica que inicié dicha lesión tiene un nombre de miedo: fascitis plantar.

El dolor es sumamente molesto pues siento que un clavo se ensarta en el centro de la base del talón del pié derecho, aun cuando no salga a correr pasan días para que desaparezca, para volver a surgir en cuanto trote o simplemente camine. A quien no le gusta hacer un deporte se le ocurriría decirme: pues deja de correr. Seguramente quien ama una actividad no se atrevería a comentarme algo semejante.

En mi búsqueda por razones de esta dolencia (más allá de que el calzado no fue el adecuado o que si tengo una pronación en mi pié) me encontré con un libro de una mujer que empredió un camino similar para entender lo que ha ella le pasaba.


El libro se llama La mujer que tiembla (2010) (Trad. de The shaking woman, su título original) y la autora es Siri Hustvedt. Ella sufrió de migrañas desde joven pero fue un episodio de temblores lo que la hizo documentarse en neurología, psiquiatría, psicoterapia y psicoanálisis.

El libro es un fascinante viaje, en vehículo de ensayo académico, en el que explora los confines de la enfermedad como la de ella, sus rasgos históricos, las opciones de cura, la ignorancia de los médicos y el papel que juegan la conciencia, los descubrimientos del funcionamiento cerebral y el lenguaje.

Lo mejor de su narración es que no es concluyente, no “tira netas”, describe y lanza interrogantes.

Me pregunto, después de leerla si soy fascitis plantar, o la fascitis me ha “tomado”, si ella me habla, si soy ella y tengo algo que decir por medio del acalambramiento que me produce, si tengo cura o debo dejar el placer de correr por las calles, si me rehuso a caminar por donde no tengo claro el camino... o si todo se resolverá por el hecho de buscarme un apoyo para el arco de mi pié.

Yo al igual que Hustvedt me adentraré en los confines de lo que la enfermedad dice y lo que mi Yo recibe en la conciencia.

dfcg

* Ilustración tomada de la página electrónica de El Mundo.

junio 13, 2013

Castillo de Cristal

La tercera Ley de Newton nos dicta que a toda acción corresponde una reacción en sentido contrario y de igual intensidad. Esta ley no aplica para las ciencias humanas, no en educación, ni necesariamente en cuanto a la formación emocional.

Así lo demuestra Jeannette Walls es su autobiográfico libro Castillo de Cristal (2009).

Leerlo es sufrir, sobre todo si eres mujer y más, si actualmente tienes hijos pequeños (de hecho mi madre no soporto su lectura y lo dejó a la mitad).

Jeannette narra su vida nómada con dos padres que vivieron al margen de la costumbre de ser formadores y proveedores. Un padre con muchos sueños, pocas acciones, diversas maneras de pasarse la vida intentando sacar el mejor provecho de todo y dar el mínimo trabajo. Una madre soñadora, que vivía anhelando los tiempos de riqueza familiar anterior a su matrimonio fallido.

Viajaron y vivieron en diversas ciudades,  se las ingenieron para sacar buenas calificaciones, para no morir de anemia, para no ser violadas, para cuidar su dignidad. Su espíritu de lucha y de sobrevivencia se impuso ante las vejaciones de que fueron objeto ella y sus hermanos -en especial los tres mayores-.

La narrativa no tiene complicaciones, va en sentido cronológico, son los hechos reales (o recordados como tal) los que sobresaltan, los que llegan a la médula.

Las reflexiones en torno pueden ser diversas, yo me he quedado con las siguientes: nadie puede hacerte perder tu sentido de vida (ni siquiera tus progenitores) a menos de que tú se los permitas y hay que disminuir la sobreprotección con los hijos porque puede terminar por hacer más daño que quizá el abandono más consumado como fue el que sufrió Jeannette Walls.

dfcg

junio 04, 2013

Uno de un periódico

Por estar tan acorde a lo que creemos en Esdrújula, Crianza y Lectura, compartimos este artículo encontrado en un periódico español llamado ABC.es

Espero les sea útil y contribuya.


¿Por qué a muchos niños no les gusta leer? Quizá toda la culpa no la tengan la televisión y las consolas

Día 30/05/2012 - 16.14h

«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?
No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.
No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.
La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.
¿...y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.
No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que el niño no se siente como en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?
No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» cómo se enamoró de la literatura: «No recuerdo que me padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown...». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.
No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola...
Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.

marzo 13, 2013

A propósito de hoy

Nací en 1972. En 1978 se eligió al papa Juan Pablo II. Recuerdo que hubo todo un revuelo. El papa anterior había sido asesinado.

Pronto empezó a circular un libro titulado Muerte en el Vaticano (Serral y Savigny). Para mi era una sorpresa y al mismo tiempo (y en mi construcción de esquemas mentales) quizá empecé a pensar que era normal. Es decir por un lado me sorprendía que aquel hombre que se suponía representaba a Dios en la Tierra hubiera podido engendrar tal odio para arrebatarle la vida. Por otro, qué no era lo mismo que le había pasado al Cristo.

Recuerdo que las exclamaciones de los mayores que me rodeaban era que el libro no debía circular, que eran mentiras, que lo debían prohibir (saquen sus conclusiones de la religiosidad que corría por el genoma familiar). Yo escucha con curiosidad esas palabras e incrementaban las ganas de que el libro fuese olvidado por ahí.

Nunca ocurrió, el libro no fue adquirido por ningún familiar, por supuesto que no estaba en al biblioteca del colegio católico al que asistía.

Hace algunos días y ante todo el montón de artículos que se han publicado sobre la renuncia de Benedicto XVI el libro fue mencionado en un reportaje periodístico y lo recordé. Ahora ya podría irlo a comprar y devorar. Sin embargo, el ánimo es otro, la curiosidad no da como para invertir tiempo de lectura que puedo dedicar a otras obras que esperan en mi mesita de noche. Es más, casi me pudo imaginar de lo que trata y hasta lo que termina.

Hoy que habemus papam me dedicaré a leer reportajes de alabanzas y rechazo ante Jorge Bergoglio, el papa Francisco.

dfcg

La autora hace tiempo que ha dejado la práctica católica, sin embargo hoy se emocionó con las campanadas y el seguimiento mediático.

marzo 01, 2013

Domador de ...palabras

Una de las acepciones de juglar de acuerdo a la Real Academia de la Lengua es  la de un "hombre que por estipendio o dádivas recitaba o cantaba poesías de los trovadores, para recreo de los reyes y de los magnates" (RAE, 2013). En nuestras clases de Español de la primaria solíamos imaginarnos a un señor disfrazado que iba con su instrumento de cuerdas cantando y recitando aventuras de caballeros todo en verso y acompañándose de la música que él mismo producía para completar sus poemas.


Creo que casi todos nos imaginamos que andaban por ahí en las plazas y cuando eran muy buenas las historias, los rumores de fama llegaban a oídos reales y entonces eran invitados a los palacios para deleite de los de "sangre azul". Muchos de los juglares se volvían famosos por aderezar sus historias con charlatanería.

Ahora podríamos hablar de los cuentacuentos, reconocidos éstos por ser quienes narran historias en público. Si reciben retribución económica o no, no suele ser una característica esencial pero sí, la de disfrutar el hecho de captar la atención de un grupo de personas que lo escuchan y retroalimentan con comentarios, gestos y diversos sonidos.

Ambos, juglares y cuentacuentos, tienen en su sustantivo una cierta carga de ser quizá mentirosos o exagerados. Frases como "qué cuentero eres" (para designar a alguien que está exagerando o incluso engañando), "eres un cuentista" (para indicar que inventa historias) nos da una muestra de esta inclinación inconsciente de la masa poblacional.

Es por ello que en últimos tiempos y como una forma de revalorar esa digna labor se ha empezado a nombrar a quien cuenta un cuento en público como narrador oral o animador de cuentos. 

Sea el nombre que sea, cuando nos gusta escuchar historias (ciertas, falsas o mitad y mitad) nos sentaremos a degustarlas pues finalmente y como dice Pablo Albo en su página personal el arte de un cuentista consiste en: ser un domador de palabras.

Pablo Albo domador de palabras: 
Las somete todos los días a un curioso 
 y exhaustivo entrenamiento. 
Las amontona, las ordena así o asá, 
les hace hacer torrecitas, 
les redobla las esquinas, 
 les lima los adjetivos, 
les ajusta el punto de mira...

dfcg
Solía ser cuentacuentos, cuentista y narradora oral pero su meta, su gran meta es convertirse en una domadora de palabras y por ende de historias.

febrero 14, 2013

Para ti, Carmela

Mi abuela paterna tiene 93 años, muchos me dicen que ya es grande, yo tengo como referencia que mi abuela materna se despidió de esta vida terrenal a los 98, así que me parece que mi Carmela (así la llamaba mi abuelo) debería estar pensando en quedarse otros cinco o seis años más. Pero ése es mi deseo.

En agosto pasado su presión sanguínea le hizo una mala jugada, decidiendo -la muy canija- elevarse más de lo normal, ocasionando que sus extremidades inferiores no le respondieran y desde entonces a la fecha siguen sin hacerle caso.

No caminar la tiene desesperada, al grado tal que ha buscado en seis ocasiones, mientras sus hijos salen de la habitación con algún pretexto (inventado por ella), levantarse y caminar. El resultado: las seis veces se ha caído. Los golpes han subido en intensidad. El último le ha abierto la frente y la parte de atrás de la cabeza, le ha causado un fuerte estrés y el médico ha recetado anti-inflamatorios trayendo como consecuencia que su mente, su fabulosa memoria, empiece a fallar.

Dice encontrarse en un solar y pide la lleven a su casa, la que desde 1979 le ha ofrecido techo y cobijo. Mi abuela querida, mi querida abuela, la que me enseñó el gusto por la poesía, se me empieza a ir.

Sé yo que éste no es un blog familiar, pero para minar las emociones y darle causa a la tristeza, la escritura y la literatura son buenas consejeras.

Un ejemplo. En 1992 sufrí una ruptura amorosa, dolorosa, me tomó por sorpresa esa honda tristeza, ese dolor infame que se ubica directamente en el corazón. Yo estaba en casa de mi abuela, en la cocina (ese magnífico territorio que en casa de ambas abuelas ha sido el mejor oasis) con ella, no pude más y le compartí mi dolor. Ella vio a lo lejos. Quizá contactaba con sus propios recuerdos y me declamó lo siguiente:

"Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?" (Gustavo Adolfo Bécquer)

El bálsamo de su declamación fue agradable, las semillas para comprender o para perdonar al novio en cuestión fueron sembradas en ese instante, germinar de una u otra forma era cuestión de tiempo.

Mi abuela, la de pocas pero contundentes palabras, símbolo de amor por los ratos de lectura en su mecedora, por recitar poemas sin público, sin motivos ni pretextos. La de usar refranes para ilustrar sus ideas. La de versos compuestos al aire. La que leyó su primer novela de prestado y en voz alta, la que cerraba libros cuando las lágrimas no le dejaban seguir leyendo. Mi abuela...la Carmela.

dfcg

enero 30, 2013

Les presento a Edgar Mendieta

En 2008 sale a la luz pública "el Zurdo" Mendieta. Un policia de la ministerial, oriundo de Culiacán, Sinaloa y nativo de la Colonia Popular (al suroeste de la citada ciudad). Es un hombre solitario, sufre de depresión, lo acaba de dejar su novia y se somete a psicoanálisis para tratar  los problemas de autodestrucción que ejerce día con día, mismos que nacieron, quizá, desde que fue abusado por el sacerdote de la parroquia de la colonia. Tiene un hermano que no ve desde hace años, pues tuvo que huir de la ciudad. Lo cuida doña Ger, la señora que lo ve como un hijo, le limpia la casa, le lava, le plancha y le hace de comer, al tiempo que le inyecta ánimos.

Un grupo de compañeros de trabajo lo sostiene anímica y laboralmente, le tratan como el sinaloense promedio trata a sus cuates: con groserías, albures y frases humillantes. Agresivos pues, explicaría cualquier profesionista de la salud emocional.

¿Qué hace? Resuelve casos policiacos, sobre todo asesinatos.

El primer caso memorable y por el cuál, Elmer Mendoza (1949) le dio vida a Edgar Mendieta fue por el de un abogado a quien mataron con una bala de plata. En su investigación se mezcla con políticos, narcotraficantes y metafísicos. La novela Balas de Plata (Mendoza, 2008. Tusquets) es la vivienda de Mendieta y a través de ella conocemos a un policía que no creemos que pudiéramos encontrar en la calle, que no encaja en nuestro estereotipo de investigador mexicano.

El segundo caso, Mendieta tendrá que dilucidar quién mató a la bailarina de mesa (table dancer, pues), Mayra Cabrales. La descripción que elige Mendoza raya en las alucinaciones, es estar leyendo las ideas del detective en la misma secuencia que van apareciendo en su cerebro. La prueba del ácido (2011) no es una novela para principiantes del autor (principiantes favor de empezar por Asesino solitario, 1999 Tusquets).

La última entrega es Nombre de Perro (2012),  y en ella el "Zurdo" tendrá que pasar de investigar a una serie de dentistas que un narco anda matando porque no le quieren sacar una muela infectada, a encontrar al asesino de la amante de la jefa del Cártel del Pacífico.

Los invito a probar la novela negra, género que hasta 2012 no tenía un apartado propio en las librerías mexicanas y que está dando de qué hablar. Como dicen los psicoanalistas la comunidad está sublimando su angustia por la violencia del país escribiendo sobre dicha violencia, al menos en ficción.

dfcg

Si nuestros ministeriales fueran tan buenos, educados, nobles y lectores como el "Zurdo", otra fuera la investigación policiaca en Sinaloa.

enero 23, 2013

Bajo presión

Haberme convertido en mamá en el 2006 me llenó de gozo y también de un sentimiento de angustia. ¿De qué manera podía educar a mi hijo para ser exitoso, seguro, desenvuelto, inteligente, obediente, audaz, tenaz, tomador de buenas decisiones, feliz, respetuoso del ambiente y de las personas, honesto...? (me detuve no porque la lista que fabriqué en mi cabeza se detenga aquí, sino porque creo que la idea ha quedado clara ¿cierto?).

Los primeros meses parecían una competencia con las madres que tenían bebés de edades similares. La interacción con ellas rondaba sobre cuántas onzas comían (nunca lo supe porque amamanté), cuántos centímetros había crecido, cuánto había aumentado en peso, si ya dormía toda la noche, si usaba ropa de tallas más grande que su edad...en fin el desarrollo de los niños se medía en el que estuviera más allá de los límites marcados por algún factor estadístico autorizado por alguna institución pediátrica avalada por algún organismo internacional de algo.

Confieso, hoy sin culpa, que preferí alejarme de dichas mamás. Sin embargo, quedaron los libros que gritaban que había que iniciar la estimulación temprana y los cientos de artículos que indicaban que quien no iniciara ya con dicha estimulación y con un segundo idioma en los primeros 18 meses de nacimiento, seguramente terminaría como parrillero de alguna tienda de comida rápida.

Por fortuna, tenía que apoquinar con algo de efectivo para el gasto familiar así que regresé a trabajar dos veces a la semana cuando el niño tenía 7 meses. Cuando estábamos juntos dormíamos abrazados, lo llevaba al parque, le cantaba (con mi desafinada voz), escuchábamos música y lo tenía gran parte del tiempo en brazos (a pesar de ciertas voces que decían "lo estás malcriando y lo vas a embracilar). Y a este ritmo hemos llegado a los 6 años.


Hace dos años me encontré con el libro Bajo presión de Carl Honoré, lo compré por la contraportada: "Carl Honoré explica cómo nuestro moderno enfoque de la infancia es todo un fracaso: nuestros hijos están más obesos, miopes, más deprimidos y más medicados que cualquier generación anterior".

Es hasta este momento (haciendo honor al otro libro de este autor Elogio a la lentitud) que le tocó el turno de ser leído. En él se hace un análisis de lo que se piensa que está bien hacerle a la infancia y demuestra con resultados de investigaciones y observaciones cómo el volver a lo básico: juegos, paciencia, tiempo y amor, siguen siendo los factores para guiar a los niños a una vida plena y a un desarrollo armónico del potencial de inteligencia que ellos ya tienen.

Recomiendo ampliamente su lectura, dejemos en paz a los niños y seamos felices a su lado.

dfcg

*Imagen tomada de El blog alternativo

enero 17, 2013

Una de crianza

Debo reconocer que soy un persona impulsiva y que ello me ha ocasionado algunos golpes, tanto físico como morales.

En el otro lado está mi esposo, paciente y cauteloso. No es que eso lo haya salvado de golpes físico/morales, pero de abordar de manera diferente sus problemas.

Nuestro hijo es más parecido a mi esposo. Así que para diversos aspectos en los que nos toca convivir suelo desesperarme. He estado buscando trabajar en entender que es una forma de aprender, tan válida como mis carreras y arrebatos, que la tolerancia es la clave de una vida armónica. Pero la vida, la vida tiene lo suyo para poner a prueba eso que dices haber estado trabajando.

Hace tres días lo inscribí - a mi hijo, no a mi esposo- en clases de natación, después de la primera clase me dijo que sí le había gustado un poco la clase. Antes de ir a la segunda clase me dijo que tenía temores, al final de esta segunda clase observé porqué: tenía un miedo terrible saltar a la alberca.

Observé cómo dudaba, cómo verbalizaba, y le preguntaba al profesor qué era lo que tenía que hacer con el fin de que éste le dijera que ya no era necesario que se aventara. Tuve que hacer un enorme esfuerzo para guardar silencio, para calmar mis impulsos de exigirle que se tirara, para decir que no pasaría nada si lo hacía bien, para pedirle que tuviera cuidado de resbalar... en fin, ustedes saben, las miles recomendaciones que una mamá piensa y considera que debe decir a un hijo, devaluando la posibilidad de que el hijo propio descubra cómo hacerle (en efecto, yo creo que no son una "tabula rasa"como Locke lo afirmó hace años).

Ese día al irse a la cama me dijo: -mamá no quiero que sea mañana, no quiero tirarme el salto-.

Confieso que tuve emociones encontradas, por un lado impaciencia (claro, de alguien que ya ha pasado por ahí) y por otro lado empatía (sí, ya había pasado por ahí pero ¿recordaba yo lo que se sentía?).

Recordé en voz alta mi primer clase de natación, cómo fue, qué me impulsó, el miedo que tuve, qué pensé siendo una niña de siete años, le pregunté qué era lo peor que consideraba que podía pasar y observé en su respuesta que su percepción del ambiente y de la acción estaba alterada por el miedo.

¡Qué distintos las percepciones de acuerdo a nuestras edades y experiencias! Todas ellas válidas.

Mi relato lo animó y también lo hizo descansar. A la mañana siguiente me contó que estaba ideando la manera de tirarse ese brinco. Mismo que hizo tres veces ese día en su clase de natación. Salió de la alberca convertido en un héroe, se sintió feliz.

Lo mejor para mi fue el proceso en el que llegó a dar esos salto. Un proceso de escucha, de aceptación de las limitantes, de conciencia de la emoción y de vivirlo acompañado de la fantasía.

Así que dentro de toda mi impulsividad y arrebato he encontrado que también puedo ser paciente...

dfcg
La autora tiene como propósito practicar el reiki y la meditación...¿será lo suficientemente paciente?

enero 10, 2013

De mi negación a leer

Durante el año 2011 tuve de meta probarme que siendo mamá, profesionista, ama de casa y ser social se podía cumplir con la meta de lectura propuesta por la UNESCO: veintitrés libros al año.

Lo cumplí.

Di lectura a dicha cantidad, sin incluir las torres de tareas, anteproyectos de investigación y tesis completas que por mi trabajo debo leer.

Leí libros de quinientas páginas y también de cien. Leí en todas partes y a cualquier hora. Comenté lo leído, hice promoción de las historias, presté mis libros.

Entrando el año 2012 mi ritmo siguió y a finales de enero empezó a descender hasta junio, en ese mes ¡pum! desapareció mi gusto, me costó mucho trabajo tomar un libro, pospuse mis momentos de lectura y di rienda suelta a tejer.

En lugar de libros leí el periódico y revistas y como mi amigo Sixto dice "la resistencia genera persistencia", evité resistirme a este gusto por tejer (mantener mis manos ocupadas y dejar divagar mi mente al ritmo de una respiración tranquila) y dejé el libro en mi mesilla de noche.

Al final de este año sólo di lectura a diez libros, menos de la mitad. Desconozco a qué se debió mi falta de interés y mi cambio de atención, sólo obedecí a mi impulso.

Ayer, mientras buscaba un regalo, me encontré con un libro La marrana negra de la literatura rosa (Velazquez, 2010), lo tomé por el título que me provocó morbo. Lo empecé a leer en el pasillo de la librería y lo terminé acostada en mi cama. El primer cuento me provocó risas, asco, ternura y estupor. La narrativa me pareció fluida. Se lo enseñé a Marcia y se lo quería llevar a su casa.

Quizá, este norteño disfrazado de guardaespalda de político ha venido a quitarme mi "estreñimiento" lector.

Los mantendré informados.

dfcg
La autora no es crítica literaria pero sí le gusta blofear al respecto con frases como "narrativa fluida".

La foto fue tomada del sitio Letras Libres

diciembre 05, 2012

Amando a Pablo, Odiando a Escobar

Hace un año leí Amando a Pablo, Odiando a Escobar (Mondadori, 2007). Narración autobiográfica de Virginia Vallejo, quién fue amante de Pablo Escobar Gaviria -famoso narcotraficante colombiano en los ochentas-.

El libro narra como ella se enamora de este hombre valiente, rico, con ganas de luchar por el pueblo, pero quien tuerce su desarrollo político por luchar por la no extradición y genera un cruel destino para varios hombres y mujeres.

La historia de amor se torna violenta y lleva a la mujer más famosa y bella de Colombia a quedarse sin trabajo, sin dinero, sin amistades.
Pablo fue un hombre soñador, con claros ideales (parecía que había tomado un curso de "piensa y hágase rico" o hubiera sido un seguidor de "el secreto) materiales. Caballeroso a veces, psicópata, paranoico, devoto del Santo Niño de Atocha, claro Edipo, ciudadano preocupado por su comunidad. 
Inició su vida "laboral" de guardaespaldas de un traficante de "fayuca", de ahí pasó a ser su mano derecha, entró en la cárcel dos o tres veces antes de ser traficante de coca. La pregunta del lector obligada es ¿qué hubiera pasado si en la cárcel se hubiese reformado? o ¿qué hubiese pasado si con apego a la legalidad hubiera recibido un juicio justo? 
Tuvo acceso a la política y estuvo en contacto con figuras públicas, tanto de alta sociedad como políticos. Apoyado  en algunas ocasiones, temido en otras, llegó a las cúpulas empresariales  y compró afectos y privilegios, e incluso seguridad. 

Lectura bastante disfrutable e ilustrativa de lo que pasó en Colombia y acontece, hoy, en México, finalmente.


dfcg

*Imagen tomada del blog de BennyR

noviembre 21, 2012

Una, de un invitado

Visitando el blog de Jorge Téllez El Grafólego publicada en 6 de noviembre de 2012 a través del sitio de Letras Libres, tomo este texto titulado ¿Quién está loco? Amazon y el discurso crítico y lo comparto para los seguidores de Esdrújula Crianza y Lectura

José Arcadio Buendía padecía esquizofrenia; Simón Bolívar, depresión crónica;  Agustina Landoño, trastorno afectivo bipolar; Rosario Tijeras, transtorno antisocial de la personalidad. Estos y otros diagnósticos se encuentran en un libro patrocinado por la farmacéutica Pfizer, que le pidió a diez psiquiatras que analizaran, desde el punto de vista clínico, las patologías de personajes famosos de la literatura colombiana. Lo que más llama la atención del libro, que se distribuye de manera gratuita, no es el extraño interés de una empresa para promocionarse a través de la literatura, ni los argumentos educativos que esgrimen en el prólogo para cubrir esa auto-promoción, ni las ingenuas definiciones de la literatura que hay en el prólogo, ni el pulcro cuidado editorial; tampoco resalta, aunque sí es curioso, el efecto especular en el que, sin quererlo, cae cada uno de los autores cuando nos deja ver a veces más de sí mismo que de los personajes. Lo que más me ha llamado la atención es que uno de los colaboradores, con el que comparto primer nombre y ambos apellidos, habla de uno de mis escritores colombianos favoritos: Evelio Rosero.

Gracias a la intervención de este homónimo colombiano y de sus nueve colegas es posible responder a una pregunta que muy pocos se han hecho –¿cómo lee ficción un psiquiatra?– pero que tiene que ver con otras, más generales, que conviven con el discurso teórico de la literatura desde sus inicios: ¿cómo se lee? y ¿cómo debe leerse? Las dos preguntas marcan dos aproximaciones distintas a la teoría de la literatura – la descriptiva y la normativa– y el camino para responderlas pasa necesariamente por filtros que, a su vez, podrían enunciarse en dos preguntas más: ¿cómo se habla de literatura? y ¿quién habla de literatura?

Cualquiera puede hablar de literatura, sin embargo durante las etapas de su historia el discurso crítico ha sido monopolizado por grupos dominantes que cambian según la época y que van desde los poetas y escritores hasta la figura que hoy conocemos como especialista académico. La norma sobre cómo hablar de literatura se basa en la exclusión del otro: la figura del “lector de a pie” que por desgracia se lee y se escucha con frecuencia reafirma la idea de que para los iniciados hay diversas formas de lectura; el término reproduce una ideología estamental en la que el conocimiento y el placer literario se validan y se regulan conforme a la bendición de un grupo de afortunados que en lugar de leer a pie, leen a caballo.

Junto con esta idea conservadora de la lectura poco a poco se nos impone también una idea del discurso crítico que ya no proviene de ningun estrato relacionado con la creación o producción de conocimiento sino del mercado. La idea de las buenas lecturas es un ejemplo, y al parejo de ella estos días circulan comentarios sobre supuestas censuras que Amazon ha comenzado a ejercer en contra de comentarios y reseñas de escritores sobre otros libros. El argumento consiste en considerar a todo escritor como posible competidor de cualquier otro, por lo que les parece lógico no aceptar reseñas de personas con potenciales intereses económicos sobre el producto ni de personas o compañías en competencia directa con él. El lector, desde esta perspectiva, ya no es una instancia de construcción de significado sino un cliente, cuyo margen de acción –la compra- puede verse afectado por los comentarios negativos o positivos de los autores, que en el espacio público de Amazon están imposibilitados para expresar cualquier cosa que no se considere publicidad.

Además de los escritores, ¿quién más tendría prohibido el acceso al comentario crítico según esta lógica? Los editores, los diseñadores, los correctores, los académicos, la familia de cada una estas personas y sus más cercanos amigos. Pero lo más importante es lo otro, el cambio de esquemas y representaciones culturales que atestiguamos cada día: de productor, el escritor poco a poco se convierte en maquilador en lucha directa con otros maquiladores que, al igual que él, podrían estar haciendo lo mismo pantalones que zapatos o novelas. Lo que se pasa por alto es que con los buenos libros un lector no se pregunta qué libro va a leer (a leer, no a comprar) en lugar de otro, sino cuál de los dos va a leer antes y cuál después. Lo mismo que con los buenos escritores, que no necesitan del éxito o del fracaso de los libros de sus contemporáneos para escribir su obra.

La de conocer tu producto es una regla del mercado que cada vez resulta más inútil en contra de estos consorcios que venden de la misma manera novelas de Tolstoi y balones de fútbol. Muy pocos se imaginan a Jeffrey Preston leyendo una novela o jugando fútbol cuando la máxima parece ser: cállate y compra.

Jorge Tellez

Colocado aquí por dfcg quien está un poquito neurótica, porta una conducta maniaco-depresiva estacional desatada por su labor de revisora y de la toma de conciencia de cómo el mercado está en todas las latitudes.