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agosto 27, 2014

¡Feliz cumple, Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo!

Hoy es aniversario del poeta nayarita conocido como Amado Nervo. 

Quizá para muchos de los mexicanos este poeta sea más conocido porque alguna calle de la ciudad lleva su nombre que por sus poemas. Sin embargo, para aquellos que fuimos a la primaria entre los 60 y los 80 recordamos su nombre debido a que, o nos aprendimos uno de sus poemas o lo escuchamos en voz de alguno de nuestros compañeros.

He aquí para celebrar su cumpleaños un fragmento del poema: El primer beso.





Yo ya me despedía.... y palpitante 
cerca mi labio de tus labios rojos, 
«Hasta mañana», susurraste; 
yo te miré a los ojos un instante 
y tú cerraste sin pensar los ojos 
y te di el primer beso: alcé la frente 
iluminado por mi dicha cierta. 

Salí a la calle alborozadamente 
mientras tu te asomabas a la puerta 
mirándome encendida y sonriente. 
Volví la cara en dulce arrobamiento, 
y sin dejarte de mirar siquiera, 
salté a un tranvía en raudo movimiento; 
y me quedé mirándote un momento 
y sonriendo con el alma entera, 
y aún más te sonreí... Y en el tranvía 
a un ansioso, sarcástico y curioso, 
que nos miró a los dos con ironía, 
le dije poniéndome dichoso: 
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

dfcg



septiembre 13, 2013

De los proyectos para compartir libros




Quizá pocas veces escuchamos el término biblioteca particular, quizá hayamos visto una cuando hemos visitado una casa museo que hay en algunas ciudades de México.
Dicen que una de las primeras bibliotecas particulares que se tiene registrada es en Nínive (parte de lo que ahora es Iraq) por allá en el año 7 AC.

La bibliotecas particulares fueron poseídas por teólogos, docentes, aristócratas y quizá surgieron como una forma evolucionada de archivo de documentos o datos. Algunas de estas bibliotecas han sido envidiadas por coleccionistas o censuradores (como en el caso de la biblioteca de Sor Juana Inés de la Cruz, quien guardaba celosamente sus libros de los ojos de la Inquisición).

Hoy en día y dado el espacio de las casas promedio en México las bibliotecas particulares   suelen alojarse en libreros que aprovechan diversos sitios de las casas: un librero en la sala, una repisa arriba de la puerta, arriba de la taza del baño, en la mesitas de noche, los guardaropas y hasta en la cajuela del auto.

No todos los dueños de libros tienen registro de su inventario, sin embargo otros ya lo han empezado a llevar gracias a aplicaciones como Collectorz, mybook, myBookshelf, reading list...¡así es todas en inglés!

Depende de la relación que guardes con tus libros es el tiempo que le dedicas a ordenarlos, registrarlos, guardarlos y... ¡prestarlos!

¿Qué sientes al prestar un libro?, ¿qué te impulsa a hacerlo o no?

Hace unos días, caminando por la ciudad norteamericana que me aloja me encontré con una casita de madera suspendida por un poste afuera de una casa. Crucé la calle para ver de qué se trataba. Casi no podía creerlo cuando lo vi.

La casita de madera tenía en su interior repisas con libros. Una puerta con vidrio permitía ver su contenido. Un letrero anunciaba que podías tomar o dejar el libro que quisieras.
Alguien, gustoso de la lectura y desprendido de los libros, tenía ahí una pequeña biblioteca pública que seguramente inicio como parte de su biblioteca particular.

Qué maravilla y qué sencillo proyecto de fomento a la lectura: el intercambio libre y comunitario.

Me pregunto si cuando regrese a México seré capaz de llevar un proyecto como éstos a mi colonia.
dfcg

junio 04, 2013

Uno de un periódico

Por estar tan acorde a lo que creemos en Esdrújula, Crianza y Lectura, compartimos este artículo encontrado en un periódico español llamado ABC.es

Espero les sea útil y contribuya.


¿Por qué a muchos niños no les gusta leer? Quizá toda la culpa no la tengan la televisión y las consolas

Día 30/05/2012 - 16.14h

«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?
No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.
No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.
La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.
¿...y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.
No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que el niño no se siente como en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?
No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» cómo se enamoró de la literatura: «No recuerdo que me padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown...». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.
No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola...
Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.

enero 17, 2013

Una de crianza

Debo reconocer que soy un persona impulsiva y que ello me ha ocasionado algunos golpes, tanto físico como morales.

En el otro lado está mi esposo, paciente y cauteloso. No es que eso lo haya salvado de golpes físico/morales, pero de abordar de manera diferente sus problemas.

Nuestro hijo es más parecido a mi esposo. Así que para diversos aspectos en los que nos toca convivir suelo desesperarme. He estado buscando trabajar en entender que es una forma de aprender, tan válida como mis carreras y arrebatos, que la tolerancia es la clave de una vida armónica. Pero la vida, la vida tiene lo suyo para poner a prueba eso que dices haber estado trabajando.

Hace tres días lo inscribí - a mi hijo, no a mi esposo- en clases de natación, después de la primera clase me dijo que sí le había gustado un poco la clase. Antes de ir a la segunda clase me dijo que tenía temores, al final de esta segunda clase observé porqué: tenía un miedo terrible saltar a la alberca.

Observé cómo dudaba, cómo verbalizaba, y le preguntaba al profesor qué era lo que tenía que hacer con el fin de que éste le dijera que ya no era necesario que se aventara. Tuve que hacer un enorme esfuerzo para guardar silencio, para calmar mis impulsos de exigirle que se tirara, para decir que no pasaría nada si lo hacía bien, para pedirle que tuviera cuidado de resbalar... en fin, ustedes saben, las miles recomendaciones que una mamá piensa y considera que debe decir a un hijo, devaluando la posibilidad de que el hijo propio descubra cómo hacerle (en efecto, yo creo que no son una "tabula rasa"como Locke lo afirmó hace años).

Ese día al irse a la cama me dijo: -mamá no quiero que sea mañana, no quiero tirarme el salto-.

Confieso que tuve emociones encontradas, por un lado impaciencia (claro, de alguien que ya ha pasado por ahí) y por otro lado empatía (sí, ya había pasado por ahí pero ¿recordaba yo lo que se sentía?).

Recordé en voz alta mi primer clase de natación, cómo fue, qué me impulsó, el miedo que tuve, qué pensé siendo una niña de siete años, le pregunté qué era lo peor que consideraba que podía pasar y observé en su respuesta que su percepción del ambiente y de la acción estaba alterada por el miedo.

¡Qué distintos las percepciones de acuerdo a nuestras edades y experiencias! Todas ellas válidas.

Mi relato lo animó y también lo hizo descansar. A la mañana siguiente me contó que estaba ideando la manera de tirarse ese brinco. Mismo que hizo tres veces ese día en su clase de natación. Salió de la alberca convertido en un héroe, se sintió feliz.

Lo mejor para mi fue el proceso en el que llegó a dar esos salto. Un proceso de escucha, de aceptación de las limitantes, de conciencia de la emoción y de vivirlo acompañado de la fantasía.

Así que dentro de toda mi impulsividad y arrebato he encontrado que también puedo ser paciente...

dfcg
La autora tiene como propósito practicar el reiki y la meditación...¿será lo suficientemente paciente?

enero 10, 2013

De mi negación a leer

Durante el año 2011 tuve de meta probarme que siendo mamá, profesionista, ama de casa y ser social se podía cumplir con la meta de lectura propuesta por la UNESCO: veintitrés libros al año.

Lo cumplí.

Di lectura a dicha cantidad, sin incluir las torres de tareas, anteproyectos de investigación y tesis completas que por mi trabajo debo leer.

Leí libros de quinientas páginas y también de cien. Leí en todas partes y a cualquier hora. Comenté lo leído, hice promoción de las historias, presté mis libros.

Entrando el año 2012 mi ritmo siguió y a finales de enero empezó a descender hasta junio, en ese mes ¡pum! desapareció mi gusto, me costó mucho trabajo tomar un libro, pospuse mis momentos de lectura y di rienda suelta a tejer.

En lugar de libros leí el periódico y revistas y como mi amigo Sixto dice "la resistencia genera persistencia", evité resistirme a este gusto por tejer (mantener mis manos ocupadas y dejar divagar mi mente al ritmo de una respiración tranquila) y dejé el libro en mi mesilla de noche.

Al final de este año sólo di lectura a diez libros, menos de la mitad. Desconozco a qué se debió mi falta de interés y mi cambio de atención, sólo obedecí a mi impulso.

Ayer, mientras buscaba un regalo, me encontré con un libro La marrana negra de la literatura rosa (Velazquez, 2010), lo tomé por el título que me provocó morbo. Lo empecé a leer en el pasillo de la librería y lo terminé acostada en mi cama. El primer cuento me provocó risas, asco, ternura y estupor. La narrativa me pareció fluida. Se lo enseñé a Marcia y se lo quería llevar a su casa.

Quizá, este norteño disfrazado de guardaespalda de político ha venido a quitarme mi "estreñimiento" lector.

Los mantendré informados.

dfcg
La autora no es crítica literaria pero sí le gusta blofear al respecto con frases como "narrativa fluida".

La foto fue tomada del sitio Letras Libres

noviembre 21, 2012

Una, de un invitado

Visitando el blog de Jorge Téllez El Grafólego publicada en 6 de noviembre de 2012 a través del sitio de Letras Libres, tomo este texto titulado ¿Quién está loco? Amazon y el discurso crítico y lo comparto para los seguidores de Esdrújula Crianza y Lectura

José Arcadio Buendía padecía esquizofrenia; Simón Bolívar, depresión crónica;  Agustina Landoño, trastorno afectivo bipolar; Rosario Tijeras, transtorno antisocial de la personalidad. Estos y otros diagnósticos se encuentran en un libro patrocinado por la farmacéutica Pfizer, que le pidió a diez psiquiatras que analizaran, desde el punto de vista clínico, las patologías de personajes famosos de la literatura colombiana. Lo que más llama la atención del libro, que se distribuye de manera gratuita, no es el extraño interés de una empresa para promocionarse a través de la literatura, ni los argumentos educativos que esgrimen en el prólogo para cubrir esa auto-promoción, ni las ingenuas definiciones de la literatura que hay en el prólogo, ni el pulcro cuidado editorial; tampoco resalta, aunque sí es curioso, el efecto especular en el que, sin quererlo, cae cada uno de los autores cuando nos deja ver a veces más de sí mismo que de los personajes. Lo que más me ha llamado la atención es que uno de los colaboradores, con el que comparto primer nombre y ambos apellidos, habla de uno de mis escritores colombianos favoritos: Evelio Rosero.

Gracias a la intervención de este homónimo colombiano y de sus nueve colegas es posible responder a una pregunta que muy pocos se han hecho –¿cómo lee ficción un psiquiatra?– pero que tiene que ver con otras, más generales, que conviven con el discurso teórico de la literatura desde sus inicios: ¿cómo se lee? y ¿cómo debe leerse? Las dos preguntas marcan dos aproximaciones distintas a la teoría de la literatura – la descriptiva y la normativa– y el camino para responderlas pasa necesariamente por filtros que, a su vez, podrían enunciarse en dos preguntas más: ¿cómo se habla de literatura? y ¿quién habla de literatura?

Cualquiera puede hablar de literatura, sin embargo durante las etapas de su historia el discurso crítico ha sido monopolizado por grupos dominantes que cambian según la época y que van desde los poetas y escritores hasta la figura que hoy conocemos como especialista académico. La norma sobre cómo hablar de literatura se basa en la exclusión del otro: la figura del “lector de a pie” que por desgracia se lee y se escucha con frecuencia reafirma la idea de que para los iniciados hay diversas formas de lectura; el término reproduce una ideología estamental en la que el conocimiento y el placer literario se validan y se regulan conforme a la bendición de un grupo de afortunados que en lugar de leer a pie, leen a caballo.

Junto con esta idea conservadora de la lectura poco a poco se nos impone también una idea del discurso crítico que ya no proviene de ningun estrato relacionado con la creación o producción de conocimiento sino del mercado. La idea de las buenas lecturas es un ejemplo, y al parejo de ella estos días circulan comentarios sobre supuestas censuras que Amazon ha comenzado a ejercer en contra de comentarios y reseñas de escritores sobre otros libros. El argumento consiste en considerar a todo escritor como posible competidor de cualquier otro, por lo que les parece lógico no aceptar reseñas de personas con potenciales intereses económicos sobre el producto ni de personas o compañías en competencia directa con él. El lector, desde esta perspectiva, ya no es una instancia de construcción de significado sino un cliente, cuyo margen de acción –la compra- puede verse afectado por los comentarios negativos o positivos de los autores, que en el espacio público de Amazon están imposibilitados para expresar cualquier cosa que no se considere publicidad.

Además de los escritores, ¿quién más tendría prohibido el acceso al comentario crítico según esta lógica? Los editores, los diseñadores, los correctores, los académicos, la familia de cada una estas personas y sus más cercanos amigos. Pero lo más importante es lo otro, el cambio de esquemas y representaciones culturales que atestiguamos cada día: de productor, el escritor poco a poco se convierte en maquilador en lucha directa con otros maquiladores que, al igual que él, podrían estar haciendo lo mismo pantalones que zapatos o novelas. Lo que se pasa por alto es que con los buenos libros un lector no se pregunta qué libro va a leer (a leer, no a comprar) en lugar de otro, sino cuál de los dos va a leer antes y cuál después. Lo mismo que con los buenos escritores, que no necesitan del éxito o del fracaso de los libros de sus contemporáneos para escribir su obra.

La de conocer tu producto es una regla del mercado que cada vez resulta más inútil en contra de estos consorcios que venden de la misma manera novelas de Tolstoi y balones de fútbol. Muy pocos se imaginan a Jeffrey Preston leyendo una novela o jugando fútbol cuando la máxima parece ser: cállate y compra.

Jorge Tellez

Colocado aquí por dfcg quien está un poquito neurótica, porta una conducta maniaco-depresiva estacional desatada por su labor de revisora y de la toma de conciencia de cómo el mercado está en todas las latitudes.

octubre 29, 2012

Un rinoceronte ensayando la infancia.



Este fin de semana se presentó en el Teatro Experimental de Jalisco, una compañía potosina con una puesta en escena que surge de un laboratorio actoral. El tema atrajo a esta esdrújula. En el programa de mano, una pequeña caja para armar, se invita al espectador a un encuentro con “aquello que hemos sido, que dejamos de ser: la infancia; comarca que a diferencia del Paraíso, no precisa de la muerte para habitarla”.
Durante hora y media, el público se puso en contacto con esos lugares comunes de la infancia. Canciones de Cri-crí, juegos tradicionales, juegos de roles, miedos, rivalidades, emociones, sensaciones, recuerdos imprecisos pero perennes, que configuran nuestra memoria y que en pocas ocasiones exploramos tan vívidamente.
El material de este ensayo se conforma de anécdotas reales sobre esa disonancia entre las percepciones infantiles y adultas. ¿Qué circunstancias se convierten en un recuerdo de la infancia? El desfile militar al que nos llevaron, creyéndolo un excelente entretenimiento, y que sin embargo nos atemorizó. El cariño de un tío o de una abuela. La reacción inesperada de un adulto por un comportamiento mal interpretado. La crueldad de los pares, pero también su complicidad incondicional.  La desilusión de un 6 de enero. La escuela y el recreo.
El viaje experimental a la memoria colectiva de la infancia se consigue con: cuatro actores en un escenario de teatro tipo arena, una caja de madera, un puñado de objetos evocadores de la infancia, un par de pantallas en circuito cerrado y la confabulación del espectador.
 Si El rinoceronte enamorado volviera a traerla a nuestra ciudad Sr. Tlacuache –Ensayo sobre la infancia-  no se pierda la ocasión de echar una mirada a su propia niñez; resulta una experiencia interesante. Entre tanto, aquí les dejo una muestra:



sd

octubre 10, 2012

Transmitiendo desde la librería

Creo que hace poco más de una década que en las librerías se empezó a poner "la moda" de tener un espacio para el café y el humo, un lugar donde poderse "conectar" a la red y trabajar.

     Suelen ser espacios con colores agradables, espacios al aire libre, espacios que invitan al descanso, a la lectura y porqué no, a la reflexión, al estado zen (el de estar simplemente).

     Hoy me encuentro en uno de estos lugares, quedé aquí para trabajar con una amiga que escribe su tesis, que requería de lectura, de escritura y también de compañía. Y es que así es la lectura, también puede disfrutar de una buena compañía con quien se puedan rebotar ideas: "mira lo que dice aquí... deja y te leo esto... no puedes creer lo que dice... me da risa esta frase de Ibargüengoitia... esto que estoy leyendo me recuerda la historia de... qué ideas crees que pueden dar soporte a esta otra y dónde la puedo consultar".

     Así somos, seres sociales y la lectura es un buen pretexto para la socialización, permitiéndonos seguir el consejo de que para mantenernos lejos de la depresión hay que tener un trabajo que nos guste, comer sanamente, hacer ejercicio y tener un círculo cercano de amigos con quien comentar el día... y las lecturas.

dfcg
La autora dejará de escribir para ir a ver libros...¿gustan?

octubre 08, 2012

El curioso incidente del libro que suda.



Hace poco más de un año una amiga se  fue una temporada del país, dejando la mayoría de sus pertenencias almacenadas  y  provistas de un producto antihumedad. De todas formas, al volver, se encontró con que muchos de sus libros se habían afectado y tuvo que implementar una variedad de métodos caseros para secarlos. Me contó de  uno en particular que, a veces, cuando hay humedad en el ambiente ‘suda’. No sé que me gustó más, si la sinopsis que me hizo de la historia narrativa o la anécdota del libro-objeto que reaccionaba al clima; el caso es que le pedí que me lo prestara.
El curioso incidente del perro a medianoche lo narra su protagonista de 15 años, a quien le gustan los números primos mucho más que los cardinales,  razón por la que los capítulos no llevan el orden convencional  sino que comienzan con el 2 y terminan en el 233.
A Christopher  le gustan  los perros porque sólo tienen cuatro estados de ánimo fáciles de reconocer. Le gusta el rojo y sabe que cuando, de camino a su escuela,  puede ver 5 coches de ese color  tendrá un día excelente. Es buenísimo para jugar Scrabble y aspira a sacar un sobresaliente en el examen de bachiller en Matemáticas que nadie más ha presentado en su escuela.
La verdad es tan importante para él, que le disgustan las metáforas, tanto como los extraños y que alguien lo toque.  La rutina de Christopher es estable y le da seguridad hasta que ocurre un incidente en el vecindario que lo lleva a decidir emular a su personaje literario favorito, Sherlock Holmes, para resolver el misterio y escribir un libro. Las circunstancias lo llevarán a una aventura mayor, en la que descubrirá su valentía y nos desvelará algunos otros misterios sobre su historia y sobre la increíble y compleja mente de los niños autistas.
A medida que los acontecimientos van ocurriendo, este singular personaje acude a los consejos de Siobhan, quien le ha enseñado las cosas que lo ayudan a estar tranquilo, a evitar meterse en problemas, a tener una opinión valiosa de sí mismo y a descubrir todo lo que es capaz de hacer. Éste es un personaje que conocemos solamente a través del discurrir del pensamiento lógico de Christopher, sin embargo, es una manifestación de la labor amorosa que desempeñan los maestros que trabajan con los niños que llamamos ‘especiales’.  

“Todo mundo tiene necesidades especiales, como Padre, que tiene que llevar siempre encima una cajita de pastillas de edulcorante artificial que echa al café para no engordar, o la señora Peters, que lleva en el oído un aparato de color beige para oír mejor, o Siobhan, que lleva unas gafas gruesas que si te las pones te dan dolor de cabeza, y ninguna de esas personas son de Necesidades Especiales, incluso aunque tengan necesidades especiales”. (Haddon Mark, 2004, pág: 63)

Esta esdrújula terminó de leer el libro, y aunque no pudo confirmar la teoría de la sudoración, no pudo evitar humedecer un poco la página final.

sd

octubre 03, 2012

Faltan bibliotecas

Me he resistido enórmemente a sacar el contenido de las últimas cajas y por ender darle orden al cuarto que hemos nombrado la biblioteca. En dicho cuarto está el gran librero y un silló que se hace cama. Quizá deberíamos llamarlo el cuarto de huéspedes porque también ese será su destino, sin embargo el hijo de esta familia lo empezó a nombrar biblioteca y así nos gustó.

¿Y por qué la incomidad de acomodar? Por un lado me he quedado sin lugar para guardar más cosas y por otro son tantos los libros que no caben en el librero, no quiero agregar otro mueble y no tengo un taladro a la mano para instalar repisas.

Por fin, ayer la mamá crítica que llevo conmigo a todas partes me impulsó a entrar al cuarto y comencé a escombrar (como dicen algunas personas, en lo personal digo acomodar, pero dejémoslo así, para variar).

Encontré algunos objetos lindos que por lo pronto no recordaba tener. Y con respecto a los libros acomodé algunos en un mueble que estaban cubriendo las cajas, pero no todos (al igual que las personas) alcanzaron hogar y quedaron hacinados en un mismo nivel.

De ahí me estuve haciendo algunas preguntas: ¿de cuáles de éstos estarías dispuesto a desprenderte?, ¿seguirás comprando libros?, ¿descargarás, en adelante puros libros electrónicos?, ¿ a qué se debe que tengas tantos libros...¡Ah! ¿y si existieran bibliotecas acudirías a ellas?

Sí, de existir bibliotecas quizá mi librero estaría con mayor espacio, lo cual no convendría a nuestro sistema consumista. También, quizá, las bibliotecas públicas no existen en México porque el Estado no está dispuesto a tener un inventario valioso estancado, quizá porque los ciudadanos no lo hemos demandado, quizá porque aunque estuvieran ahí no acudiríamos.

Los triste es que ese concepto no existe en México, se tienen la del Estado, se tienen las de las universidades públicas (en éstas te permiten consultar pero no rentar a menos que seas alumno con credencial).

¿Y cadad Oxxo tuviera una biblioteca? o ¿cada templo tuviera una?...les dejo la inquietud en el airea.

dfcg
En su infancia la autora visitó algunas bibliotecas de su ciudad (que es pequeña) y se sintió sabia.

octubre 01, 2012

Seis palabras sobre mi vida

Conocí esta dinámica "navegando un día" por allá por el año 2005. Mi vida apenas comienza. Fue atrapada por la idea. Comer, respirar, vivir, defecar, andar, morir. Ésta consistía en definir tu vida utilizando para ello solamente seis (6) palabras. Cambios, cambios y aquí sigo.

En un principio la utilicé para pensar cómo es que podría describir mi vida a los 33 años acomodándola en seis palabras. Y sigo pensando qué hacer conmigo. Al redactarla me di cuenta de que me visualizaba a mi  misma a penas al inicio. ¡Treinta y tres años y todavía no sabía lo que quería! Fue un golpe duro. Sólo quiero divertirme, mucho, mucho, mucho.

La idea la tomé de una convocatoria que Smith Magazine lanzaba en línea. Experiencias enfrentar, para de ellas aprender. Fue de tanta demanda que publicaron un libro con las frases u oraciones que consideraron mejor. Las 100 mejores. Actualmente la revisa lo sigue haciendo y ha creado variantes de la misma. Poder vivir tranquilo y con orgullo.

Yo he seguido utilizando esta actividad pues me he dado cuenta que es una buena forma de hacer una síntesis, que sirve también para cerrar el camino en un punto, que sirve para hacer un recuento, que también funciona para analizar qué has estado haciendo y qué te interesaría modificar, porque como tutora ha funcionado para conocer un poco más a mis alumnos y también a los seres queridos que me rodean. Los sueños se acaban, esto se acabó. Algunos de mis alumnos, en especial los adolescentes, han tomado literal eso de describir su vida en seis palabras y nada más las han enlistado, otros, han puesto especial énfasis en que su frase tenga sentido.

¿Y ustedes? ¿cuáles serían las seis palabras que los definirían? ¡Póngalos en una frase!

dfcg
Es alentador y doloroso saberme viva.

septiembre 24, 2012

Leer, otra vez.




Para empezar el curso de Lectura y Redacción, les pido a los alumnos nuevos que escriban su Historia personal de lectura. Este año me sorprendió que una adolescente le diera un sitio y mención especial a la relectura de ciertos libros. Me sorprendió porque no estoy acostumbrada a ver que los adolescentes tengan ese hábito. Incluso cuando un libro les haya cimbrado el alma, no ven objeto en leer otra vez, algo que ya leyeron.

Simultáneamente, en el curso de Literatura, que doy a alumnos un poco mayores, insisto en que los cuentos de La guerra del tiempo de Alejo Carpentier, hay que leerlos una vez y otra vez y las que hagan falta para comprender el sentido maravilloso que ofrecen. Insisto sin claudicar y sin caer en la tentación de explicárselos, porque el momento en que la expresión en sus caras me hace saber que sí, que por fin entendieron Semejante a la noche, El camino de Santiago, o Viaje a la semilla es uno de esos momentos que más disfruto de ser maestra.

En fin, lo que quería contarles es que estaba pensando en que la relectura es una práctica que se lleva a cabo mucho más en la etapa de la niñez que en ninguna otra de nuestra vida. Los que son padres, seguramente asentirán, recordando la cantidad de veces que se han visto forzados a leer el mismo cuento para sus hijos pequeños. ¿Por qué será que, a medida que el tiempo pasa, perdemos ese antojo de volver a encontrarnos con la misma historia?

En estas cosas pensaba, cuando decidí que lo mejor sería que esta noche no hubiera capítulo de Narnia para René. En su lugar, reapareció del librero Si tienes un papá mago[1]. El contento no pudo ser mayor y el pequeño oyente, sintiéndose muy honrado leyó una buena parte. Me di cuenta de algo, la relectura es magnífica para los pequeños lectores, un libro conocido es como la casa de un amigo.  Recordé estas palabras del Borges lector:

“Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro. Puede decirlo de un modo que puede parecer patético y no quiero que sea patético; quiero que sea una confidencia que les realizo a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero”.
El Libro en: BORGES Jorge Luis (1998) Borges oral Alianza Editorial.

Espero que sepan disculpar la tardanza en la entrada de hoy. Esta esdrújula estaba releyendo.

sd



[1] De Gabriela Keselman, editado por SM, es una linda historia corta, sobre las palabras que cualquier padre, sin importar la profesión que tenga, puede darle a sus hijos para que se sientan confiados y felices.