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enero 13, 2016

El tremendo retrato de una giganta

Ninguna novela me había vuelto a perturbar como La familia de Pascual Duarte, hito del tremendismo español, hasta La Giganta. Camilo José Cela dejó en mi memoria imágenes que ya estoy resignada a no olvidar nunca. La narración de Patricia Laurent Kullick no es menos cruda, acaso por la velocidad que no da un solo respiro al lector en la brevedad de 131 páginas y suma intensidad a la terrible historia de una familia disfuncional: la madre (mexicana) de diez hijos, el padre (extranjero) derrotado por la melancolía, los hermanos que han tejido una red (de seguridad) con lazos filiales que los ayudan a sobrevivir.
La voz de la sexta hija relata horrores de los que una niña de once años no deja de darse cuenta. Pero esa voz no tiene tinte de amargura, todavía cabe todo en el juego, en la aventura, en la inocencia lúcida y no hay sitio para la desesperanza. No hay tragedia porque no hay gravedad en el alcoholismo, ni en el abuso, ni siquiera en el suicidio, cuando la niñez es una suerte de preservativo del mal que, para los hermanos mayores, acaba prematuramente.
Mientras dure la niñez, la Giganta deslumbrará con su belleza y con su risa. Será, pese a todo, la madre bienhechora que huele a trigo. El retrato descarnado de una maternidad atormentada queda solo a la vista del lector.

sd

Laurent Kullick, Patricia (2015) La Giganta México: Tusquets.

junio 12, 2015

La edad de la punzada.

Me recomendaron a Xavier Velasco dos de sus grupis. Confieso que no terminé el primer libro de su autoría que cayó en mis manos (Éste que ves).
Imagen tomada de CNN México

Me regalaron este que ahora reseño. Le di una segunda oportunidad y me agradó.
Viví al lado del personaje principal (un adolescente de los 14 a los 17 años) los pensamientos, sentimientos, impulsos, temores, anhelos y remordimientos que a un joven varón de clase socioeconómica alta pudo haber experimentado en la década de los 80's.

A esa edad, en verdad ¿se puede estar pensando en cómo echar novia cuando tu padre está en la cárcel?, ¿puedes estar manejando a alta velocidad el auto que tus padres te acaban de regalar?, ¿puedes ocultar que has reprobado de año escolar solo para tener una guitarra que no sabes tocar?

No lo sé, no puedo recordarlo (o me duele hacerlo) y me angustia pensar que ahora puedo llegar a ser madre de un adolescente con esas ideas.

dfcg

diciembre 08, 2014

FIL (XXVIII) 43


Hoy comienza la resaca post-FIL se siente en las piernas el andar acumulado de días anteriores, en el cuerpo la lucha por compartir espacios abarrotados, pasillos estrechos inundados de otros y miradas deseosas y expectantes en medio de encuentros, charlas y hallazgos inesperados durante nueve días.

Pero la cruda más intensa se siente en el corazón y no tiene nada o tiene todo que ver con la literatura, porque la Feria fue un espacio de duelo, de lucha y de pérdida. En las presentaciones de libros y las charlas de autores se escuchó la voz de los ausentes, el reclamo a las autoridades, la lucha del pueblo que somos y que no queremos “superar” la ausencia.

En el Encuentro de Promotores de Lectura, Alberto Manguel mientras disertada sobre la necesidad de las bibliotecas personales para entender los actos importantes de nuestras vidas, dijo con fuerza y una voz indignada que esto era importante sobre todo ahora que estamos viviendo bajo la sombra de 43 fantasmas, las bibliotecas nos ayudan aunque no puedan salvarnos del dolor. En el mismo Encuentro Benito Taibo, hizo un llamado a no olvidar, exhortó a leer para liberarnos y a usar los libros como armas contra el estado, armas físicas e intelectuales. Daniel Cassany cambió el contenido original de su charla para ahondar en la necesidad de formar lectores críticos y competentes, para ver las prácticas lectoras que no se ven y descubrir mentiras que parecen verdades, todo enmarcado en la violencia y el cinismo de quiénes gobiernan.

Los 43 estuvieron presentes en el miedo de los granaderos que abarrotaban las inmediaciones de la expo, en los pasos firmes de los autores que asistieron a la marcha, en la valentía y el coraje de un grupo de jóvenes y adultos que se arriesgaron a un flashmob dentro de la feria, pronunciando cada nombre y aludiendo a la reflexión y a continuar la lucha. En la distribución de calcomanías, pins y separadores en los que se leía el número que tanto nos duele a todos 43.

Leer, pensar, reflexionar y actuar tiene que ser la moneda corriente en los tiempos que imperan, no podemos cejar en la lucha, la feria vino y se fue pero lo que escuchamos, lo que leímos y lo que vivimos tiene que resonar fuerte dentro de nosotros, porque las luchas se hacen de a pocos y de a todos, porque el miedo que nos paraliza y nos impulsa tiene que seguir acumulando energía de cualquier resquicio de vida que nos permita agarrar fuerza, como los libros, las ferias, la lucha, la voz de los adolescentes, los juegos de los niños y la complicidad de los que escriben.

Se fue una FIL sin precedentes, la FIL 43.

cj


agosto 25, 2014

La hermana de Freud

Conocer la vida y las ideas de Sigmund Freud a través de la voz y perspectiva de su hermana menor Adolphine, es el eje de esta novela. Demostrar el valor de la fuerza femenina a través de las hermanas de dos celebridades de la humanidad, su cometido. 

La hermana de Freud (Smilevski, 2013 Alfaguara) es una novela en la que a través de la voz de Adolphine Freud imaginamos la vida del creador del psicoanálisis desde el seno de su familia.

La historia inicia por el final de la vida de las hermanas de Sigmund y narra lel viaje terrenal de Adolphine. Como lectora conocí su enferma infancia, sus encuentros y desencuentros con su hermano (el Sigi de oro), viví en el manicomio al que voluntariamente se inscribió (y que su hermano costeó), me desesperé con las ideas vanidosas, egocéntricas, ciegas y machistas del ícono más conocido de la psicología moderna.

Mis partes favoritas fueron cuando Adolphine debate con Sigmund las ideas pilares de la teoría psicoanalítica, le contrarresta el raciocinio exacerbado con aportaciones sobre la belleza, el amor, la locura, la inmortalidad y la misericordia.

Se sabe que Smilevski escribió una ficción, sin embargo al haber concluido la lectura mi pensamiento no cree que lo ahí narrado haya estado tan separado de la realidad.



Advertencia: novela no apta para los que consideran al psicoanálisis como la única vía para conocer y atender las necesidades del género humano.

dfcg




*Imagen de la familia de Jacob Freud fue tomada del blog Tkkb

agosto 15, 2014

Boy, la historia de un futuro escritor

Haber viajado al extranjero, vivir en un departamento de 2x2, con días nublados, lluviosos y fríos, además de no conocer el idioma fue para P una experiencia traumática.

Como una manera de animarlo retomamos la rutina que teníamos en casa: el baño, la cena y la lectura.

El libro digital fue la salvación, pues pudimos adquirir libros en español.

Así pues iniciamos la lectura de Jaime y el durazno gigante (Dahl, 2005, Alfaguara), pasamos a Charlie y la fábrica de chocolate (2004), intentamos leer Las brujas (2004) pero la historia causaba un cierto grado de tensión, así que pasamos a Matilda (2004) (todas ediciones de Alfaguara en digital).

Cuando habíamos terminado encontré el libro que presentaba la autobiografía de Roal Dahl (Boy, Relatos de la infancia, 2004).

En este libro, Dahl, relata su paso por la educación institucionalizada y cómo la mayoría de los docentes que lo rodearon basaban sus acciones en la desconfianza, consideraban que el niño no quería aprender, que mentía de manera constante y que siempre se guiaba por impulsos que lo alentaban a hacer daño. Leímos relatos que bien parecían una película de terror: profesores que no amaban a los niños, directores que azotaban los traseros, acciones de saña, miedo y cero amor en las escuelas. 

Lo bueno de su vida fue siempre la presencia amorosa y comprensiva de su madre y sus abuelos. Su madre es quien lo impulsa en todo aquello que él quiere lograr como lo fue conocer África, viajar por el mundo y finalmente, escribir.

Vivió una escuela con temor, pero una vez que fue libre de ella continuó con la exploración que su curiosidad promulgaba. Terminó siendo escritor por un encargo y yo creo que también por catarsis. 


Como lo he mencionado en una entrada anterior, sus historias han puesto en alerta a los conservadores. Dahl, no ha  temido incluir en sus relatos castigos implacables para niños malosos y para adultos ventajosos.

Puedo afirmar que P le debe su salud emocional, de ese año en el extranjero, a las peripecias por las que Dahl lleva a sus héroes y los castigos a los que somete a los villanos, pero sobre todo a la muestra que brinda en su propia historia personal, al sobreponerse a los duros profesores que lo acompañaron y cómo, vivió para contarlo. 


dfcg

agosto 13, 2014

Mucho ruido y pocas nueces

Un maestro de literatura llega a un pueblo en la costa este norteamericana decidido a convertirse en una gran escritor. Se enamora de una joven de 15 años. Él no puede escribir, ella está trastornada. Ella desaparece y su cuerpo es encontrado años después. ¿Quién la mató, cómo lo hizo?

No contaré más porque si lo hago terminaré diciéndolo todo (que al final de cuentas no es mucho) y arruinaré las 600 páginas de la novela La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Dicker, 2013, Alfaguara).

La crítica lo ha alabado. Dicen que la historia es una mezcla de Larrsen, Roth y Nabokov. A mi me pareció que la historia atrapa, pero que la narrativa no es encantadora y que los diálogos son pésimos.

Me parece que el libro podría reducirse a 1/3 de su extensión actual, que aún así se podría narrar una buena historia, que hubiese salvado de muchas repeticiones (y de papel) y que la crítica y la publicidad lo han inflado muchísimo.

Entre historias policiacas, con giros de tuerca mejor narradas y con un uso del español superior están: las de Andrea Camilleri y las de Santiago Villar.

Pero, yo no soy ninguna crítica literaria, así que serve yourself y luego nos dan su opinión.

dfcg
Imagen tomada del blog de Daniel J.K.

junio 13, 2013

Castillo de Cristal

La tercera Ley de Newton nos dicta que a toda acción corresponde una reacción en sentido contrario y de igual intensidad. Esta ley no aplica para las ciencias humanas, no en educación, ni necesariamente en cuanto a la formación emocional.

Así lo demuestra Jeannette Walls es su autobiográfico libro Castillo de Cristal (2009).

Leerlo es sufrir, sobre todo si eres mujer y más, si actualmente tienes hijos pequeños (de hecho mi madre no soporto su lectura y lo dejó a la mitad).

Jeannette narra su vida nómada con dos padres que vivieron al margen de la costumbre de ser formadores y proveedores. Un padre con muchos sueños, pocas acciones, diversas maneras de pasarse la vida intentando sacar el mejor provecho de todo y dar el mínimo trabajo. Una madre soñadora, que vivía anhelando los tiempos de riqueza familiar anterior a su matrimonio fallido.

Viajaron y vivieron en diversas ciudades,  se las ingenieron para sacar buenas calificaciones, para no morir de anemia, para no ser violadas, para cuidar su dignidad. Su espíritu de lucha y de sobrevivencia se impuso ante las vejaciones de que fueron objeto ella y sus hermanos -en especial los tres mayores-.

La narrativa no tiene complicaciones, va en sentido cronológico, son los hechos reales (o recordados como tal) los que sobresaltan, los que llegan a la médula.

Las reflexiones en torno pueden ser diversas, yo me he quedado con las siguientes: nadie puede hacerte perder tu sentido de vida (ni siquiera tus progenitores) a menos de que tú se los permitas y hay que disminuir la sobreprotección con los hijos porque puede terminar por hacer más daño que quizá el abandono más consumado como fue el que sufrió Jeannette Walls.

dfcg

marzo 18, 2013

Amor de hermanos


Los hermanos se quieren tanto como se odian, compiten, se molestan y se apoyan. Para Manolito, el narrador personaje de Elvira Lindo, su hermano menor es insoportable, es simplemente “el Imbécil”.  Detesta que los adultos festejen todas las gracias del nene: “… y les pareció muy gracioso y se rieron mucho, y a mí me dejó de dar pena el Imbécil porque siempre se lleva a la gente a su terreno y siempre cae bien a todo el mundo, aunque haga lo peor”.  Pero cuando la vida los pone en circunstancias difíciles Manolito y el Imbécil son solidarios entre ellos como todos los hermanos: “Yo soy un cobarde, como mis amigos, pero que le toquen al Imbécil, eso sí que no.”
La mirada infantil de Manolito caracteriza a los adultos de su entorno; la madre Cata “Mi madre, o como dije en el capítulo anterior, la mamá del Imbécil, porque parece que sólo tienen ojos el uno para el otro…”  el abuelo Nicolás “Mi abuelo le dijo al dependiente que qué había pasado, que yo era un niño que daba gloria verme de lo bueno que era, que era un niño que sólo daba problemas con lo vago que era en el colegio, con lo celoso que era con el Imbécil y con que a veces no había quien me callase y que ponía a mi madre de los nervios (de punta)”. Luisa, la vecina metiche y chismosa, que está segura de que de haber tenido hijos los habría criado sabiamente: “La Luisa había decidido cambiarnos y convertirnos en esos vecinos que todas las Luisas quisieran tener”.
Manolito tiene 9 años, no crece tan aprisa como quisiera, usa lentes y para colmo es regordete. Nicolás tiene casi 4 años aunque no ha dejado el chupón, es tan inoportuno como precoz y se atreve a  hacer las cosas de las que Manolito quisiera ser capaz. Esta historia cargada de humor es un disfrute para los hermanos mayores incomprendidos y para los padres que a veces no nos acabamos de enterar cómo nuestros hijos lidian para explicarse las cosas que van pasando en su niñez. 
Esta esdrújula, que tuvo la fortuna de ser hermana menor, se ha reído como niña al leer las aventuras de Manolito y el Imbécil y ha comprendido un poco más que sus hijos, a pesar de la rivalidad se quieren como sólo un hermano puede.
sd  

febrero 04, 2013

Una novela muy moral.


Dice Milan Kundera que: “La novela que no descubre una parte hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral”[1]. De esto me acorde mientras leía Un arma en casa de Nadine Gordimer. Estamos acostumbrados a sentir empatía por la víctima y la familia de un crimen fatal,  pero con mucha menor frecuencia nos acordamos que el victimario también es padre o esposo, hermano o hijo de alguien.
Título original: The house gun
En Un arma en casa los padres de un joven arquitecto, se enfrentan a algo nunca previsto. Reciben un día la noticia de que Duncan está detenido, acusado de homicidio. Profesionistas y cultos, padres conscientes de haber dado a su hijo la formación que hoy les permite vivir tranquilos, rechazan la culpabilidad del hijo; aun cuando éste no se declara inocente, se aferran a la idea de que todo debe ser un terrible error.
Nadine Gordimer, premio nobel de literatura en 1991, sin duda explora en esta novela una parte de la existencia que no se había narrado. Nos pone frente a la posibilidad de que la educación privilegiada y el núcleo de una familia liberal, no sean garantía de una vida moral y justa.  Claudia y Harald no pueden evadir sus propios prejuicios en el proceso de la historia, así como tampoco podrán asegurar que conocen a su hijo.
Esta esdrújula se confiesa estremecida por  la lectura de una novela moral (en el estricto sentido kunderiano), y  deja aquí  una cita de la autora, que por sí misma invita a la reflexión:
“Y habían superado, también –no, dominado- estas incompatibilidades a través de las distintas etapas, en el matrimonio, en el amor que se tenían, como algo diferente de estar enamorado; incompatibilidades ignoradas en el momento de la concepción: pero presentes. El hijo nació de todo ello” [2]
sd


[1] KUNDERA Milan (2004)  El arte de la novela Fábula Tusquets pág: 16
[2] GORDIMER Nadine (2006) Un arma en casa Ediciones B pág: 91


enero 25, 2013

1Q84


Comencé a leerlo a principios de diciembre, sin más expectativas que el gusto previo por otros libros de Murakami. No conocía la historia ni entendía el título.

Al principio me aburrí un poco, los primeros capítulos son largas presentaciones de los personajes principales y me hicieron sospechar que no sería capaz de terminarlo. Me equivoqué, al quinto capítulo ya estaba enganchada.

La novela transcurre en Tokio en 1984, y es a través de Tengo y Aomame, los personajes principales, que nos adentramos en el mundo paralelo de 1Q84. Cómo en otros libros de Murakami la fantasía está a la orden del día y los detalles minuciosos de la vida de los personajes son descritos sin prisas a lo largo de las más de mil páginas de la obra completa.

La recepción de 1Q84 ha sido extrema, o lo odian o lo aman, algunos critican el  giro a la narrativa en primera persona en otras historias de Murakami y otros creen que la historia se pudo haber contado en mucho menos páginas; es decir mucho texto para decir poco.

A mi el libro me gustó, disfrute, los encuentros y desencuentros entre Tengo y Aomame, la minucia con la que cada uno ejecuta sus actividades del día a día, y el aparente orden en un mundo en ese mundo desconocido.

Creo que Murakami juega con los juicios, prejuicios y debilidades del ser humano, las historias danzan en el lector confrontando sus propias creencias y transgrediendo los límites de lo previsto. Todo encerrado en una historia de amor que te hace desear el encuentro y final feliz de los personajes.

El final me pareció débil y acepto que hay aspectos dentro de la historia que al principio parecen fundamentales y luego no sé sabe bien qué pasó con ellos.

El libro en español lo encuentran publicado por la editorial Tusquets en dos tomos.

Y ustedes ¿qué opinan de Murakami?
Nos leemos, por cierto ¡Feliz año!
cj


enero 23, 2013

Bajo presión

Haberme convertido en mamá en el 2006 me llenó de gozo y también de un sentimiento de angustia. ¿De qué manera podía educar a mi hijo para ser exitoso, seguro, desenvuelto, inteligente, obediente, audaz, tenaz, tomador de buenas decisiones, feliz, respetuoso del ambiente y de las personas, honesto...? (me detuve no porque la lista que fabriqué en mi cabeza se detenga aquí, sino porque creo que la idea ha quedado clara ¿cierto?).

Los primeros meses parecían una competencia con las madres que tenían bebés de edades similares. La interacción con ellas rondaba sobre cuántas onzas comían (nunca lo supe porque amamanté), cuántos centímetros había crecido, cuánto había aumentado en peso, si ya dormía toda la noche, si usaba ropa de tallas más grande que su edad...en fin el desarrollo de los niños se medía en el que estuviera más allá de los límites marcados por algún factor estadístico autorizado por alguna institución pediátrica avalada por algún organismo internacional de algo.

Confieso, hoy sin culpa, que preferí alejarme de dichas mamás. Sin embargo, quedaron los libros que gritaban que había que iniciar la estimulación temprana y los cientos de artículos que indicaban que quien no iniciara ya con dicha estimulación y con un segundo idioma en los primeros 18 meses de nacimiento, seguramente terminaría como parrillero de alguna tienda de comida rápida.

Por fortuna, tenía que apoquinar con algo de efectivo para el gasto familiar así que regresé a trabajar dos veces a la semana cuando el niño tenía 7 meses. Cuando estábamos juntos dormíamos abrazados, lo llevaba al parque, le cantaba (con mi desafinada voz), escuchábamos música y lo tenía gran parte del tiempo en brazos (a pesar de ciertas voces que decían "lo estás malcriando y lo vas a embracilar). Y a este ritmo hemos llegado a los 6 años.


Hace dos años me encontré con el libro Bajo presión de Carl Honoré, lo compré por la contraportada: "Carl Honoré explica cómo nuestro moderno enfoque de la infancia es todo un fracaso: nuestros hijos están más obesos, miopes, más deprimidos y más medicados que cualquier generación anterior".

Es hasta este momento (haciendo honor al otro libro de este autor Elogio a la lentitud) que le tocó el turno de ser leído. En él se hace un análisis de lo que se piensa que está bien hacerle a la infancia y demuestra con resultados de investigaciones y observaciones cómo el volver a lo básico: juegos, paciencia, tiempo y amor, siguen siendo los factores para guiar a los niños a una vida plena y a un desarrollo armónico del potencial de inteligencia que ellos ya tienen.

Recomiendo ampliamente su lectura, dejemos en paz a los niños y seamos felices a su lado.

dfcg

*Imagen tomada de El blog alternativo

diciembre 05, 2012

Amando a Pablo, Odiando a Escobar

Hace un año leí Amando a Pablo, Odiando a Escobar (Mondadori, 2007). Narración autobiográfica de Virginia Vallejo, quién fue amante de Pablo Escobar Gaviria -famoso narcotraficante colombiano en los ochentas-.

El libro narra como ella se enamora de este hombre valiente, rico, con ganas de luchar por el pueblo, pero quien tuerce su desarrollo político por luchar por la no extradición y genera un cruel destino para varios hombres y mujeres.

La historia de amor se torna violenta y lleva a la mujer más famosa y bella de Colombia a quedarse sin trabajo, sin dinero, sin amistades.
Pablo fue un hombre soñador, con claros ideales (parecía que había tomado un curso de "piensa y hágase rico" o hubiera sido un seguidor de "el secreto) materiales. Caballeroso a veces, psicópata, paranoico, devoto del Santo Niño de Atocha, claro Edipo, ciudadano preocupado por su comunidad. 
Inició su vida "laboral" de guardaespaldas de un traficante de "fayuca", de ahí pasó a ser su mano derecha, entró en la cárcel dos o tres veces antes de ser traficante de coca. La pregunta del lector obligada es ¿qué hubiera pasado si en la cárcel se hubiese reformado? o ¿qué hubiese pasado si con apego a la legalidad hubiera recibido un juicio justo? 
Tuvo acceso a la política y estuvo en contacto con figuras públicas, tanto de alta sociedad como políticos. Apoyado  en algunas ocasiones, temido en otras, llegó a las cúpulas empresariales  y compró afectos y privilegios, e incluso seguridad. 

Lectura bastante disfrutable e ilustrativa de lo que pasó en Colombia y acontece, hoy, en México, finalmente.


dfcg

*Imagen tomada del blog de BennyR

diciembre 02, 2012

Hablar para saber qué pensamos


¿Les ha pasado que se sorprenden porque nunca antes pensaron en la muerte propia? Cuando uno tiene un hijo, le nace con él un miedo que jamás tuvo.  Mario, uno de los narradores de Hablar solos, la novela que este año presentó Andrés Neuman,   decide “fabricarle un recuerdo” a su hijo de diez años, cuando se entera de su fatal diagnóstico médico.

Lito sueña con viajar con su padre. Cada vez que recibe la respuesta: “más adelante” piensa en: “una cola larguísima de niños y que yo soy el último”. Así que, cuando su deseo se cumple, cree que los diez años es la edad en la que empiezan a pasar las cosas buenas en la vida, no sospecha  que a esa edad pueda ser huérfano.

Elena toma un  desconcertante camino a la viudez. Es maestra de literatura y tiene esa maña común del gremio de subrayar los libros, con la creencia mágica de que son ellos los que nos escogen cuando tienen algo que decirnos. En este personaje se concentra la tesis de la novela; Elena subraya una cita de Geoffrey Gorer: “Hoy la muerte y el duelo son tratados con la misma mojigatería con que en el siglo diecinueve se trataban los impulsos sexuales.”

Los registros  son distintos para cada narrador. Los capítulos de Mario, son narración oral, está haciendo una grabación para su hijo, en la que le roba al tiempo que no tiene, las palabras futuras para Lito.  Elena es epistolar,  su  diario es íntimo es toda la extensión de la palabra, caben en él las contradicciones, la culpa, las confesiones; la reconstrucción de sí misma, desde la anticipación de la pérdida hasta la protesta del duelo. En cambio, en Lito, está la herencia proustiana del discurrir de consciencia, sincera, frágil, pueril.

En la presentación de Hablar solos, en la FIL de Guadalajara, su autor ha dicho “No decimos lo que pensamos, hablamos para saber qué pensamos”. He aquí una novela donde los personajes van descubriendo lo que piensan y sienten, mientras son leídos.  Quizá, como Elena, algunos lectores quieran subrayar el miedo que nos nace con un hijo. Esta Esdrújula leyó el final conmovida, encantada con la magnífica expresión del lenguaje y … aliviada de no haber perdido la vida.

sd

noviembre 16, 2012

¡Feliz Cumpleaños José!


Hoy hace noventa años en Mora, Azinhaga (Ribatejo, Portugal) nació un escritor entrañable, una persona que a través de la escritura demostró sensibilidad y empatía hacía los seres humanos.

El escritor del que hablamos es José Saramago quien hoy  celebraría su cumpleaños número 90 y será objeto de diversas celebraciones. Su fundación propone a los lectores elegir una palabra que identifiquen como fundamental en la obra del autor, comentar el porqué y enviarla en un tweet; luego todas serán recopiladas y publicadas en la página web de la editorial Alfaguara. Pero muchos lectores crearon sus propias iniciativas y los tweets y mensajes alusivos a la obra del autor comenzaron desde la madrugada.

Yo he decido expresar mi profundo cariño por Saramago al recordar mi primer encuentro con su obra y la vez que lo vi en la FIL.

Llegué a Saramago por casualidad, a el maestro de la clase de Análisis Experimental de la Conducta se le ocurrió que deberíamos leer Ensayo sobre la Ceguera, elegir un personaje de la obra y aplicar los conocimientos teóricos de la materia con el personaje de ficción.

La clase no me gustaba pero leer siempre ha sido un vicio, así que compré el libro y comencé la lectura. El Saramago al que había llegado por encargo pronto empezó a rebelarse frente a mis ojos; sus pensamiento sin vacilaciones, la fuerza de la historia y la profundidad de las frases, chocaban contra mis expectativas y me exigían un esfuerza intelectual que me dejaba exhausta, dicho de otro modo: tuve que aprender a leerlo, tomar una y otra vez la frustración que me provocaba quedarme sin aliento al intentar leerlo en voz alta y conocerlo más allá de mis prejuicios y vacilaciones.

Al terminar Ensayo sobre la ceguera, Saramago ya era uno de mis clásicos, pocas veces me ha sucedido que con solo una obra un escritor me conquiste, con él no hubo necesidad de más encuentros,  una novela fue suficiente para afianzar nuestra amistad.

Después seguí con La Caverna, El cuento de la isla desconocida, Ensayo sobre la Lucidez, La flor más grande del mundo, Las intermitencias de la muerte, El cuaderno y más. Aunque tengo mis favoritos, sus historias siempre se comunican sin intermediarios con mi inconsciente; así sin saberlo enfrento algunos miedos, frustraciones y alegrías que hacen que su escritura sea inolvidable.

La única vez que vi a Saramago fue en la FIL, el día en el que presentó acompañado de Pilar (su ahora incansable viuda) Las intermitencias de la muerte, hablaba pausado pero con gracia, sus movimientos eran ágiles para su edad y su voz encajaba perfecto con su narrativa. Platicó sobre el nuevo libro, y la historia que contaba, atendió con calma a las preguntas del auditorio y en un gesto por demás generoso escuchó la demanda de un señor del público que le habló de los Zapatistas y le pidió que comentara sobre el tema.

Saramago para mí era la voz de la sociedad de los últimos años, una voz que no se callaba lo que pensaba y opinaba con melodía sobre las injusticias que nadie quería ver, su obra seguirá resonando por muchos años, y si es que nos mostramos un poquito más dispuestas, tal vez nos ayude a encontrar la forma de volvernos más humanos.

¡Felicidades querido José!

* Ahora que voy cerrando el texto, recuerdo que también tuve la oportunidad de ver y escuchar a Saramago en una exquisita lectura de fragmentos de Las Intermitencias de la muerte. Junto con Gael García y un perro que demostró excelentes modales, leyó con toda pericia, la inquietante historia.

Nos leemos.
cj