Haber viajado al extranjero, vivir en un departamento de 2x2, con días nublados, lluviosos y fríos, además de no conocer el idioma fue para P una experiencia traumática.
Como una manera de animarlo retomamos la rutina que teníamos en casa: el baño, la cena y la lectura.
El libro digital fue la salvación, pues pudimos adquirir libros en español.
Así pues iniciamos la lectura de Jaime y el durazno gigante (Dahl, 2005, Alfaguara), pasamos a Charlie y la fábrica de chocolate (2004), intentamos leer Las brujas (2004) pero la historia causaba un cierto grado de tensión, así que pasamos a Matilda (2004) (todas ediciones de Alfaguara en digital).
Cuando habíamos terminado encontré el libro que presentaba la autobiografía de Roal Dahl (Boy, Relatos de la infancia, 2004).
En este libro, Dahl, relata su paso por la educación institucionalizada y cómo la mayoría de los docentes que lo rodearon basaban sus acciones en la desconfianza, consideraban que el niño no quería aprender, que mentía de manera constante y que siempre se guiaba por impulsos que lo alentaban a hacer daño. Leímos relatos que bien parecían una película de terror: profesores que no amaban a los niños, directores que azotaban los traseros, acciones de saña, miedo y cero amor en las escuelas.
Lo bueno de su vida fue siempre la presencia amorosa y comprensiva de su madre y sus abuelos. Su madre es quien lo impulsa en todo aquello que él quiere lograr como lo fue conocer África, viajar por el mundo y finalmente, escribir.
Vivió una escuela con temor, pero una vez que fue libre de ella continuó con la exploración que su curiosidad promulgaba. Terminó siendo escritor por un encargo y yo creo que también por catarsis.
Como lo he mencionado en una entrada anterior, sus historias han puesto en alerta a los conservadores. Dahl, no ha temido incluir en sus relatos castigos implacables para niños malosos y para adultos ventajosos.
Puedo afirmar que P le debe su salud emocional, de ese año en el extranjero, a las peripecias por las que Dahl lleva a sus héroes y los castigos a los que somete a los villanos, pero sobre todo a la muestra que brinda en su propia historia personal, al sobreponerse a los duros profesores que lo acompañaron y cómo, vivió para contarlo.
dfcg
agosto 15, 2014
agosto 13, 2014
Mucho ruido y pocas nueces
Un maestro de literatura llega a un pueblo en la costa este norteamericana decidido a convertirse en una gran escritor. Se enamora de una joven de 15 años. Él no puede escribir, ella está trastornada. Ella desaparece y su cuerpo es encontrado años después. ¿Quién la mató, cómo lo hizo? No contaré más porque si lo hago terminaré diciéndolo todo (que al final de cuentas no es mucho) y arruinaré las 600 páginas de la novela La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Dicker, 2013, Alfaguara).
La crítica lo ha alabado. Dicen que la historia es una mezcla de Larrsen, Roth y Nabokov. A mi me pareció que la historia atrapa, pero que la narrativa no es encantadora y que los diálogos son pésimos.
Me parece que el libro podría reducirse a 1/3 de su extensión actual, que aún así se podría narrar una buena historia, que hubiese salvado de muchas repeticiones (y de papel) y que la crítica y la publicidad lo han inflado muchísimo.
Entre historias policiacas, con giros de tuerca mejor narradas y con un uso del español superior están: las de Andrea Camilleri y las de Santiago Villar.
Pero, yo no soy ninguna crítica literaria, así que serve yourself y luego nos dan su opinión.
dfcg
Imagen tomada del blog de Daniel J.K.
octubre 28, 2013
Crianza y ¿lectura?
Hoy caí en cuenta de que el nombre de nuestro blog es irónico, no
porque no queramos platicar de nuestras andanzas en el plano de la crianza o de
las vívidas lecturas que aderezan nuestras vidas, el hecho tiene que ver con la
dificultad de combinar las dos actividades, cuando ambas admitámoslo, demandan
mucho tiempo.
Los libros son pacientes y esperan sin vacilar que les llegue el
momento de ser leídos y tomados en cuenta, los hijos en cambio suelen andar
bajos de paciencia y piden atención sin pudor alguno.
Generalmente acato la regla y atiendo a la hija mientras el libro
espera paciente en la mesa de noche, pero este fin de semana fue diferente,
estaba cansada, harta de la semana laboral, envuelta en una bruma de dudas y
ansiedades que sabía que solo se calmarían si salía de mi piel y entraba en otra, así tenía que ser, tenía que
perderme en la lectura, beberme el personaje en turno y disociarme hasta dejar
de pensar en mi mundo. El caso es que en el momento en el que tomaba el libro a
mi hija le daba un repentino ataque de sed y me pedía que bajara a servirle
agua, o le llegaba la hora de comer o de salir un rato, o pedía con ojos de
perro a medio morir que le hiciera caso. El sábado así anduvimos, negociando el
tiempo mientras yo me echaba tragos de lectura en el closet, en el baño o
escondida en la cocina. El domingo la situación ya era evidente, el libro me
consumía y yo era incapaz de dejarlo.
Supe que había tocado fondo cuando mi niña se acostó junto a mi en
la cama y me pidió que le leyera lo que yo leía, lo consideré unos segundos y
luego recordé que la historia no tenía un solo párrafo apto para los tres años
de mi hija, no contesté y ella encontró la solución, fue a su cuarto y se trajo
sus libros, se acostó a leer junto a mi y luego de tres segundos me pidió que
le contara sus cuentos, así convivimos un rato, hasta que llegó mi esposo a
salvar el día invitándole un helado a mi pequeña lapa.
Se fueron y me invadió una euforia indescriptible, un par de horas
yo solita, yo solita con mi libro, con la posibilidad de perderme entre letras
y vidas prestadas. Cedí al vicio mi tiempo y mi voluntad y me deje envolver,
seducir y cautivar por la historia, el tiempo no duró nada… el ruido del coche
llegando a casa me sorprendió con los ojos rojos y cansados, pero con la mirada
tranquila y menos revuelta, la lectura calló los miedos hasta minimizarlos, era
tiempo de levantar la vista y volver a la vida real.
Recibí a la hija y a mi galán cantante feliz y descansada, lista
para dejar el vicio… y retomarlo en la
noche.
cj
octubre 10, 2013
Leer, otro asunto burocrático
Hace unos años la SEP sintió que había descubierto el
hilo negro al implementar en las escuelas un modelo que evaluaba la lectura
basándose en tres competencias: comprensión lectora, velocidad de lectura
y fluidez lectora. La idea no era tan mala, pero encontró
en la práctica que lo medible pocas veces es un referente amplio de los niveles
de comprensión. Así, maestros de aquí y de allá se dedicaron a evaluar la lectura con cronómetro en
mano; al alumno fluido, bien entonado y veloz se le consideraba un buen lector,
contrario a aquellos pausados y poco articulados.
Pero la educación es pendular y para muestra la nueva
propuesta para evaluar las “competencias lectoras”, unas cuántas páginas en
donde la SEP como si hablara de otra instancia, se desdice de las antiguas
prácticas y propone, ahora sí evaluar la comprensión, en el folleto en el que
explica el cambio dice: “La escuela tiene
el compromiso de formar practicantes competentes de la lectura (y la
escritura), y no solo sujetos que puedan “descifrar” el código, es decir, el
lenguaje escrito”. En el mismo texto afirman que “leer es también comunicarse, entablar un diálogo con un autor, su
tiempo, su contexto y sus ideas, sea el tipo de texto que sea”.
El cambio me parece necesario, leer efectivamente es
comprender y dialogar con el texto, lo que siento esquizoide es lo radical del enfoque
y la forma en la que se deslindan de responsabilidades en la antigua manera de
pensar la lectura, un síntoma claro del cambio de sexenio, otra vez la actitud
infantil que aniquila lo hecho e impone por milésima vez “su forma” de hacer
las cosas, no puedo dejar de pensar en los profesores sometidos a horas de
capacitación para contar lo leído y entender la fluidez, la cantidad de
soporíferas charlas que han de haber impartido para justificar esa forma de ver
la lectura, las preguntas y comentarios desdeñados para no tener que aceptar
que leer es comprender no leer rápido o articular correctamente.
Al final la nueva propuesta también se queda a medias
porque propone estrategias ineficientes para conocer cómo es que los alumnos
comprenden lo leído, muestra escalas ambiguas que hacen referencia a como las
pruebas PISA miden la comprensión lectora, pero no da ejemplos ni estrategias
para implementar dentro del aula.
Como suele suceder me invade una profunda frustración
al constatar lo poco que importa la educación en nuestro país, lo poco que vale
el desgaste de los maestros y el esfuerzo de los alumnos. Para aquellos que hacen
las propuestas educativas el acento está en la masificación, en encontrar una
forma que funcione para todos, seguimos arrastrando una educación que impone
contenidos y somete a los maestros a los caprichos de los gobernantes en turno,
lejos estamos de un sistema que proponga y dé herramientas, de un modelo
educativo en el que quepan las diferencias y se vea a los maestros como seres
pensantes y capaces. Cambian los nombres y los formatos pero las raíces de la
educación en México están cada vez más secas.
La lectura, tristemente, no se escapa de la
burocracia.
cj
septiembre 13, 2013
De los proyectos para compartir libros
Quizá pocas veces escuchamos el término biblioteca particular, quizá hayamos visto una cuando hemos visitado una casa museo que hay en algunas ciudades de México.
Dicen que una de las primeras bibliotecas particulares que se tiene registrada es en Nínive (parte de lo que ahora es Iraq) por allá en el año 7 AC.
La bibliotecas particulares fueron poseídas por teólogos, docentes, aristócratas y quizá surgieron como una forma evolucionada de archivo de documentos o datos. Algunas de estas bibliotecas han sido envidiadas por coleccionistas o censuradores (como en el caso de la biblioteca de Sor Juana Inés de la Cruz, quien guardaba celosamente sus libros de los ojos de la Inquisición).
Hoy en día y dado el espacio de las casas promedio en México las bibliotecas particulares suelen alojarse en libreros que aprovechan diversos sitios de las casas: un librero en la sala, una repisa arriba de la puerta, arriba de la taza del baño, en la mesitas de noche, los guardaropas y hasta en la cajuela del auto.
No todos los dueños de libros tienen registro de su inventario, sin embargo otros ya lo han empezado a llevar gracias a aplicaciones como Collectorz, mybook, myBookshelf, reading list...¡así es todas en inglés!
Depende de la relación que guardes con tus libros es el tiempo que le dedicas a ordenarlos, registrarlos, guardarlos y... ¡prestarlos!
¿Qué sientes al prestar un libro?, ¿qué te impulsa a hacerlo o no?
Hace unos días, caminando por la ciudad norteamericana que me aloja me encontré con una casita de madera suspendida por un poste afuera de una casa. Crucé la calle para ver de qué se trataba. Casi no podía creerlo cuando lo vi.
La casita de madera tenía en su interior repisas con libros. Una puerta con vidrio permitía ver su contenido. Un letrero anunciaba que podías tomar o dejar el libro que quisieras.
Alguien, gustoso de la lectura y desprendido de los libros, tenía ahí una pequeña biblioteca pública que seguramente inicio como parte de su biblioteca particular.
Qué maravilla y qué sencillo proyecto de fomento a la lectura: el intercambio libre y comunitario.
Me pregunto si cuando regrese a México seré capaz de llevar un proyecto como éstos a mi colonia.
dfcg
septiembre 11, 2013
La mujer que tiembla
Me gusta nadar pero suele ser complicado encontrar una alberca disponible, pagar por el servicio y trasladarme al lugar para realizar la actividad. Por tanto desde el año pasado opté por correr. Al principio no fue fácil pero tras diversas lecturas y charlas con quien está más avanzado en esta práctica, el amor entre la corrida y yo fraguó.
Sin embargo, hace dos meses una dolencia surgió y empezó a provocar que dicha actividad se volviera una tortura (en la vida diaria): un dolor punzante en la base del talón hizo su aparición. De acuerdo a la revisión bibliográfica que inicié dicha lesión tiene un nombre de miedo: fascitis plantar.
El dolor es sumamente molesto pues siento que un clavo se ensarta en el centro de la base del talón del pié derecho, aun cuando no salga a correr pasan días para que desaparezca, para volver a surgir en cuanto trote o simplemente camine. A quien no le gusta hacer un deporte se le ocurriría decirme: pues deja de correr. Seguramente quien ama una actividad no se atrevería a comentarme algo semejante.
En mi búsqueda por razones de esta dolencia (más allá de que el calzado no fue el adecuado o que si tengo una pronación en mi pié) me encontré con un libro de una mujer que empredió un camino similar para entender lo que ha ella le pasaba.
El libro se llama La mujer que tiembla (2010) (Trad. de The shaking woman, su título original) y la autora es Siri Hustvedt. Ella sufrió de migrañas desde joven pero fue un episodio de temblores lo que la hizo documentarse en neurología, psiquiatría, psicoterapia y psicoanálisis.
El libro es un fascinante viaje, en vehículo de ensayo académico, en el que explora los confines de la enfermedad como la de ella, sus rasgos históricos, las opciones de cura, la ignorancia de los médicos y el papel que juegan la conciencia, los descubrimientos del funcionamiento cerebral y el lenguaje.
Lo mejor de su narración es que no es concluyente, no “tira netas”, describe y lanza interrogantes.
Me pregunto, después de leerla si soy fascitis plantar, o la fascitis me ha “tomado”, si ella me habla, si soy ella y tengo algo que decir por medio del acalambramiento que me produce, si tengo cura o debo dejar el placer de correr por las calles, si me rehuso a caminar por donde no tengo claro el camino... o si todo se resolverá por el hecho de buscarme un apoyo para el arco de mi pié.
Yo al igual que Hustvedt me adentraré en los confines de lo que la enfermedad dice y lo que mi Yo recibe en la conciencia.
dfcg
* Ilustración tomada de la página electrónica de El Mundo.
junio 13, 2013
Castillo de Cristal
La tercera Ley de Newton nos dicta que a toda acción corresponde una reacción en sentido contrario y de igual intensidad. Esta ley no aplica para las ciencias humanas, no en educación, ni necesariamente en cuanto a la formación emocional.
Así lo demuestra Jeannette Walls es su autobiográfico libro Castillo de Cristal (2009).
Leerlo es sufrir, sobre todo si eres mujer y más, si actualmente tienes hijos pequeños (de hecho mi madre no soporto su lectura y lo dejó a la mitad).
Jeannette narra su vida nómada con dos padres que vivieron al margen de la costumbre de ser formadores y proveedores. Un padre con muchos sueños, pocas acciones, diversas maneras de pasarse la vida intentando sacar el mejor provecho de todo y dar el mínimo trabajo. Una madre soñadora, que vivía anhelando los tiempos de riqueza familiar anterior a su matrimonio fallido.
Viajaron y vivieron en diversas ciudades, se las ingenieron para sacar buenas calificaciones, para no morir de anemia, para no ser violadas, para cuidar su dignidad. Su espíritu de lucha y de sobrevivencia se impuso ante las vejaciones de que fueron objeto ella y sus hermanos -en especial los tres mayores-.
La narrativa no tiene complicaciones, va en sentido cronológico, son los hechos reales (o recordados como tal) los que sobresaltan, los que llegan a la médula.
Las reflexiones en torno pueden ser diversas, yo me he quedado con las siguientes: nadie puede hacerte perder tu sentido de vida (ni siquiera tus progenitores) a menos de que tú se los permitas y hay que disminuir la sobreprotección con los hijos porque puede terminar por hacer más daño que quizá el abandono más consumado como fue el que sufrió Jeannette Walls.
dfcg
Así lo demuestra Jeannette Walls es su autobiográfico libro Castillo de Cristal (2009).
Leerlo es sufrir, sobre todo si eres mujer y más, si actualmente tienes hijos pequeños (de hecho mi madre no soporto su lectura y lo dejó a la mitad).
Jeannette narra su vida nómada con dos padres que vivieron al margen de la costumbre de ser formadores y proveedores. Un padre con muchos sueños, pocas acciones, diversas maneras de pasarse la vida intentando sacar el mejor provecho de todo y dar el mínimo trabajo. Una madre soñadora, que vivía anhelando los tiempos de riqueza familiar anterior a su matrimonio fallido.
Viajaron y vivieron en diversas ciudades, se las ingenieron para sacar buenas calificaciones, para no morir de anemia, para no ser violadas, para cuidar su dignidad. Su espíritu de lucha y de sobrevivencia se impuso ante las vejaciones de que fueron objeto ella y sus hermanos -en especial los tres mayores-.
La narrativa no tiene complicaciones, va en sentido cronológico, son los hechos reales (o recordados como tal) los que sobresaltan, los que llegan a la médula.
Las reflexiones en torno pueden ser diversas, yo me he quedado con las siguientes: nadie puede hacerte perder tu sentido de vida (ni siquiera tus progenitores) a menos de que tú se los permitas y hay que disminuir la sobreprotección con los hijos porque puede terminar por hacer más daño que quizá el abandono más consumado como fue el que sufrió Jeannette Walls.
dfcg
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